Coco (2017)

La película de Coco es una mezcla entre Monsters Inc. (2001) y Rataouille (2007). Si quieren darse una idea más clara: reemplacen el mundo de los monstruos por el mundo de los muertos y Francia por México.

La trama gira en torno a Miguel, un niño mexicano aficionado a la música que creció en una familia de zapateros. Por un trauma del pasado, esta familia detesta y prohíbe la música. Esto es una tortura para el pequeño Miguel, cuyo máximo sueño es ser como su ídolo Ernesto de la Cruz, un cantante basado en Pedro Infante. Buscando su sueño, un día de muertos se transporta accidentalmente al mundo a donde viajan todas las personas después de morir. Su reto es regresar al mundo de los vivos, y de paso resolver el misterio de su familia.

La cinta ha sido un éxito de taquilla en México, y hasta la fecha las salas se siguen llenando. Ya tiene el récord de la película animada más vista en los primeros diez días, y los comentarios en general han sido muy positivos. Yo esperé hasta que las salas se vaciaran un poco, pero tenía espectativas muy altas. Después de todo, es una película de Pixar, y creo que pocos estudios de animación tienen sus estándares de calidad.

En cuestión técnica, no ha decepcionado: la animación es impecable, lo visual no se descuida en ningún momento. El diseño de personajes está lleno de detalles y sin duda se exigieron crear algo muy llamativo para los ojos. En este aspecto, Pixar sigue demostrando que son los reyes.

Pero la pata de palo de esta película es su carencia de originalidad. La trama es sumamente predecible y se conforma por momentos ya vistos en otras películas del mismo estudio. Recordemos cuando Miguel está en su escondite secreto. Dentro, fabricó una guitarra y pone un VHS con películas de Ernesto de la Cruz mientras toca y canta junto con él. Esta escena es idéntica a otra aparecida en WALL-E (2008), cuando el robot pone su VHS de Hello dolly! (1969) y baila junto con los personajes en pantalla.

Los protagonistas de Pixar normalmente tienen deseos de superación o ser los mejores. Desde Woody que quería ser el juguete favorito de Andy en Toy Story (1995), pasando por Sully en Monsters Inc. (2001) o Rayo McQueen en Cars (2006), a todos los mueve casi lo mismo. En este caso, Miguel quiere ser el mejor músico, y su situación es casi idéntica a la de Remy en Ratatouille (2007), en donde a su familia no le importaban los sueños de su hijo.

La trama roba demasiado de otras películas del mismo estudio, particularmente Monsters Inc. (2001) En este caso, Miguel cruza por equivocación al mundo de los muertos, de la misma forma que Boo cruza al mundo de los monstruos. En ambos casos se disfrazan para pasar desapercibidos, y se esconden del sistema burocrático que mueve al mundo fantástico para regresar a donde pertenecen. Incluso el giro sorpresivo de la trama, que no mencionaré aquí, es idéntico en ambas películas. Las escenas se repiten al dedillo y transforman a Coco en una serie de retazos con poco impacto emocional.

Quizá muchos se pregunten cómo me atrevo a afirmar esto, ya que miles de personas han llorado en la sala. Incluso, según las redes sociales, si no lloras durante el filme no tienes corazón. Yo he llorado con otras películas de Pixar, pero el mismo truco no me funcionó dos veces. Mucho menos si es reciclado tan descaradamente.

Hay encanto en la película, eso es innegable. Varias escenas, especialmente cuando interviene la música, son particularmente notable. Pero no superas, pienso yo, a otras como Toy Story 3 (2010) o Up (2009).

Muchas reseñas mencionan que México está perfectamente representado en la película, y que Pixar hizo su tarea de investigación sobre nuestra cultura. Yo cuestionaría estas afirmaciones. Para empezar, aunque nunca queda claro exactamente en qué época viven los personajes, sospecho que es en el pasado. Como mencioné, Miguel mira un VHS y en el mundo de los muertos aparece una Macintosh ochentera. México es, eminentemente, un país que vive en el pasado. Arraigado en sus tradiciones, venerando únicamente a artistas muertos y sin una visión para el futuro. Es una lectura muy estereotípica del país, aunque, admitamos, tiene algo de verdad.

A partir de Toy Story 3 (2010), la calidad de las películas de Pixar ha caído considerablemente. Actualmente se concentran más en hacer secuelas y películas formulaicas al estilo Disney. Cuando aparecieron las primeras películas del estudio, me preguntaba cuándo se equivocarían por primera vez. ¿Cuándo se acabará el torrente aparentemente ilimitado de creatividad? La respuesta la obtuve con Cars 2 (2011), que fue sumamente decepcionante y desde entonces, sus películas saben cada ves más a producto enlatado.

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