Llegando primero

Estoy nervioso por la nueva película de Pixar, Coco (2017). El año pasado escribí un cuento sobre el día de muertos, que permanece inédito, y en cuanto vi el cartel promocional se me activaron mil alarmas: la idea de Pixar luce muy parecida a la mía. Los meses han pasado y mis sospechas se han materializado al ver los cortos. Todavía no estoy del todo seguro, pero sospecho que la idea sumamente similar. Ahora, si publico mi cuento, todos pensarán que me inspiré en esa película y que robo ideas a industrias culturales gringas y que soy un autocolonizado.

Es más molesto todavía porque Pixar se basó en fuentes similares a las que consulté: la mitología de los muertos del pueblo Azteca entre ellas. No son los primeros en crear una obra basada en esto y seguramente no serán los mejores. Pero son los más conocidos y todo mundo tendrá esa referencia en la cabeza y será complicado luchar contra la aplanadora cultural.

Esta no es la primera vez que me sucede algo así y por tanto ya soy paranoico al respecto. Cada que escribo un texto lo tomo como papa caliente en mis manos y quiero deshacerme de él lo más pronto posible. Hace ya algunos años escribí un cuento donde un detective es decapitado por narcotraficantes, y segundos antes de morir, ya con su cabeza separada del cuerpo, reflexiona sobre su vida. Poco tiempo después, Carlos Fuentes publicó “La voluntad y la fortuna” (2008) utilizando el mismo recurso. Sigo sin leer el libro por orgullo, pero estoy seguro que Fuentes hizo una obra mucho mejor a la mía, así que no puedo competir contra ese Goliat.

De la misma forma, escribí un cuento titulado “Nieve” sobre una encantadora muchacha que vende helados y todo mundo se enamora de ella por su dulce trato. Posteriormente muchas personas me comentaron que les recordaba mucho a “500 days of summer” (2009). En esta ocasión la película apareció primero, pero a regañadientes tuve que verla cuando todos me avisaron de mi “plagio”, y si, una breve escena resume mi cuento. Otro corrió con una suerte similar, “Dulce”, sobre un muchacho que repentina comienza a despedir un aroma dulce, y las consecuencias que esto trae. Posteriormente Alejandra Rioseco, en Mexicali, me comunicó que Francisco Hinojosa ya había escrito una historia con esa premisa de nombre “Amadís de anís… Amadís de codorniz” (1993) y que gracias por participar.

Mi intuición dice que, si esto me sucede muy seguido, es porque no soy muy original. Quizá si mis ideas fueran únicas e irrepetibles podría dormir tranquilo pensando que nadie en este mundo se le ocurrirá algo similar, pero no. En narrativa sigo pensando de manera trillada, asumo yo. Y el reto será salirme más de la caja.

Mi consuelo es que no soy el único al que le ha sucedido. William Gibson comenta que tuvo que corregir gran parte de Neuromancer (1984) cuando vio Blade Runner (1982), por miedo a que le dijeran que estaba plagiando. Cuando Stanley Kubrick preparaba la película The aryan papers apareció Schlinder’s list (1993) de Spielberg y el primero abandonó el proyecto por miedo a que le dijeran que era muy poco original, algo que siempre buscó en su carrera.

En estos momentos, me agarro con todas mis fuerzas, y ruego porque Coco sea un gran fracaso y se olvide pronto para que nadie me acuse de plagio. Debo confesar que veo eso como una posibilidad muy remota. En realidad, al ver los cortos, casi no me gustó, pero ya veremos. Mi historia es negra, oscura, incluye temas que sé que Pixar no manejará. Aunque igual podría despreocuparme y seguir contando historias, sin importarme lo que digan y piensen los demás.

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