Nuestro amigo Internet

Internet se ha convertido en ese amigo muy, muy chistoso que todos tenemos. El que siempre hace chistes, para el que todo es broma y siempre nos hace reír. Además, está disponible las veinticuatro horas. Puedes llegar con él y decirle: “¡Ey, Internet! Me acaban de dar una pésima noticia: Tengo cáncer”. Él inventará una serie de memes ingeniosísimos sobre tu enfermedad. Te carcajearás hasta que te duela el estómago. El problema es que, al final del día, seguirás teniendo cáncer.

Es una consecuencia previsible del capitalismo: Darle a la gente lo que quiere. A veces me imagino al capitalismo como un pésimo padre que no sabe decir que no a sus hijos. Les da dulces, comida chatarra, demasiado azúcar y los deja ver demasiada televisión. El producto es esta sociedad.

Cuando la World Wide Web inició, su objetivo era compartir el conocimiento científico fácilmente. Poco más de veinte años después, se comparten memes, gatos y bullying. Si bien todo esto es divertido, y también río como cualquier otro cuando lo veo, no puedo dejar de pensar en el potencial desperdiciado de esta tecnología, y la gente que la utiliza.

¿Hay un fraude electoral? Inmediatamente se crean memes al respecto. Se ridiculizará la situación o se comparará con la de alguna película que todos hemos visto. Los más conscientes compartirán imágenes con frases reflexivas o críticas. Al final del día el fraude seguirá ahí. Todos hicimos nuestra catarsis y nadie movió un dedo.

A finales de los noventa, me frustraba que el sentido del humor que tanta risa me daba en Internet no existía por ninguna parte a mi alrededor. Los medios no lo tenían y mis conocidos tampoco porque el acceso todavía era muy limitado. Hoy está por todas partes, y peor: todo es un chiste.

Internet tiene un potencial increíble. Todos los días aprendo más gracias a la red, los blogs, noticias, documentales. Pero de nada sirve esta herramienta si no hay criterio o reflexión. Al contrario, parece una avalancha de tonterías inmensa. Uno tiene que desperdiciar gran cantidad de tiempo macheteando lo inservible, como en la jungla, para conseguir algo útil.

Lo que más odio, y lo he dicho una y mil veces, es que existan sitios cuya única función es generar visitas. No aportan información útil, no dicen nada nuevo. Sólo recomparten lo mismo, o revuelcan la información tantito para despistarla. Te dividen el contenido en diez páginas que debes ver una a una, mientras te atiborran de anuncios. Otros ponen títulos engañosos y francamente estúpidos. Tomemos una aguja en el pajar: El caso de Upsocl.com. Algunos de sus titulares recientes:

  • 27 bromas de oficina que llegaron demasiado lejos.
  • 25 países “exitosos” sufren día tras día con estos 7 problemas.
  • Darle un poco de comida a este perro fue la mejor idea que tuvo este hombre en su vida.
  • ¿Puedes adivinar el nombre de estos 63 personajes de dibujos animados?
  • 12 pasos para ser una persona mucho más feliz.

Títulos que prometen entretenimiento o grandes revelaciones. Cosas que transformarán tu forma de ver el mundo, o te ayudarán comprender algo inesperado. ¿Lo hacen? Por supuesto que no. Su ritmo de publicación es implacable: Estos y muchos más titulares son tan solo de las últimas dos horas. ¿Quién puede lograr cambiarnos la perspectiva y la vida quince veces por hora? Es absurdo.

Ya ni hablemos de la redacción de los sitios, que es atroz en la mayor parte de los casos. Además, sus titulares están escritos casi siempre en forma de listas (“25 cosas que...”) o de pregunta (“Te atreverías a...”). Y el contenido, bueno, una pérdida total de tiempo.

Ahora, yo sé que todos necesitamos tomarnos la vida más a la ligera, relajarnos, reír… Estoy totalmente de acuerdo. Mi pregunta es: ¿es lo único que necesitamos? Es un caso similar a la alimentación. Obvio que la sal y el azúcar son vitales para nuestra subsistencia, pero muchos alimentos abusan de ellos. A los seres humanos, por naturaleza, nos encantan estos sabores. Pero hoy en día, la sal y el azúcar se encuentran en un estado puro y es fácil producirlos, por lo que se nos satura de ellos. Lo mismo sucede con la información: Nos vamos hacia las fotografías graciosas y textos ingeniosos y que no requieren esfuerzo para leerse porque nos hacen sentir bien, pero no nos nutren.

Yo era un total partidario de que Internet estuviera en todas partes. Era ingenuamente optimista al respecto: Pensé que ayudaría a la gente a ser más inteligente, a que aprendiera más y a desarrollar su curiosidad natural. Hoy pienso casi lo contrario. La televisión basura era bastante mala, pero el sucesor es un poco más macabro: lo hicimos nosotros mismos.

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