Reseña de "La ópera de dos centavos"

En 1928, Bertolt Brecht estrenó su obra “La ópera de tres centavos” en Alemania. El título hacía referencia a una ópera sobre la pobreza, dirigida a todo público, sin importar posición económica. Esta producción teatral tenía elementos musicales compuestos por Kurt Weill. La semana pasada, el taller de ópera de la UABC estrenó la obra con un centavo menos. ¿Dónde quedó el centavo faltante?

La obra trata de Mack, el navaja (Miguel Zazueta), un notable criminal que se casa con la ingenua Polly Pitchum (Frida García). Esto molesta al padre de la joven (Bruno Calderoni), quien controla a los limosneros de la ciudad. Para disolver la unión, el padre de Polly intenta hacer que las autoridades tengan un buen motivo para mandar a Mack a la horca. Pero la amistad de éste con el jefe de la policía Brown, el tigre (Juan Carlos Villanueva), frustra todos los intentos.

La orquesta sinfónica de la UABC, bajo la dirección de Álvaro Díaz, hizo un excelente trabajo con un reducido número de músicos. Las composiciones están a medio camino entre la ópera y el teatro musical, con una fuerte influencia jazzístistica. La música lució en esta interpretación, y dio el perfecto marco para que los cantantes lucieran sus voces, cantando en el alemán original con un acento muy logrado.

Los actores caracterizados como payasos, dándole a esta comedia negra un aspecto carnavalesco con referencias actuales. Sus actuaciones reflejaron este aspecto tragicómico. El coro se ocultaba detrás de máscaras usadas por el grupo activista Anonymous.

Las referencias anacrónicas no terminaron ahí. Uno de los números musicales fue transformado en un rap que tuve recepción mezclada. De la misma forma, se referenciaron los recientes sucesos de Ayotzinapa, representados simbólicamente por 43 zapatos rotos dispersos en el escenario.

Actualmente se busca que una obra esté abierta a interpretación y que los intérpretes tengan la pericia de mejorar las intenciones originales del autor. En este caso se logró. Los asistentes a “La ópera de dos centavos” contemplaron una obra completa, redonda, bien interpretada. Un esfuerzo notable por parte de los estudiantes, pero también por parte de sus profesores. Ignacio Clapés fue el director vocal, Vannia Cárdenas la escenógrafa y directora de vestuario y Jorge Folgueira el director escénico.

¿Dónde está el centavo faltante? Quizá en la falta de músicos en la orquesta o de intérpretes sobre el escenario. Esto, desde mi punto de vista, es el principal problema con esta producción: Algunos cantantes interpretan varios papeles y a veces es confuso saber en qué momento interpretan cual. Esto pudo resolverse fácilmente con alguna pieza de vestuario llamativa intercambiable al cambiar de personaje. Como se representó no queda del todo claro. Por otra parte, la actriz que interpretó a Polly Pitchum, aunque de voz dulce y adecuada para el personaje, difícilmente se escuchaba sobre la música de la orquesta.

Pero aparte de estos pequeños detalles, la obra brilló. Algunas actuaciones, particularmente las de Mariana Bucio, Bruno Calderoni y Fernando de Ita destacaron mucho. La obra no ha salido de mi cabeza desde que la escuché hace una semana. Esto es señal de una perfecta armonía entre autores e intérpretes. Me quedo esperando la siguiente producción ansiosamente.

[ Fotografía por José Luis Ramírez. Esta reseña apareció en el suplemento Palabra, del diario El Vigía, el 23 de noviembre de 2014. ]

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