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Feria del libro: Mis impresiones y el video

La presentación del libro no pudo salir mejor. Estaba nervioso y pensé que fui muy incoherente, pero repasando el video de puro milagro tuvo sentido lo que dije. Afortunadamente hubo muchas preguntas y traté de responder lo mejor posible. Se vendieron varios libros y los autografié. Fue una experiencia muy grata. Aparentemente la FIL ha crecido muchísimo desde las primeras veces que iba y eran unos cuantos puestecitos con libros. Agradezco muchísimo la presentación de Raúl Linares, y también a los asistentes. Las sillas casi se llenaron y cada vez más gente se fue integrando a la presentación, lo cual me llena de gusto. Por fin lo que quería decir está "ahí afuera", ahora sólo me resta esperar comentarios de los lectores.

Afortunadamente toda la conferencia fue grabada y subida a YouTube en una excelente calidad de audio y video. Aquellos que no pudieron asistir, pueden verla aquí.

El libro cuesta $294 pesos, y está disponible en la Editorial UABC, y creo que también estará en los diversos puntos de venta en las facultades. Cuando tenga más información la compartiré por mis redes sociales. Nos vemos en las siguientes presentaciones.

P. D. La fotografía es de Annette Peralta.

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Presentación de: "Sombreros blancos: tres hackers programan un mundo mejor"

Tengo el gusto de invitarlos a la presentación de mi primer libro. Un proyecto finalizado hace ya algunos años que finalmente verá la luz del día. Se trata de una investigación cultural sobre los hackers, con un gran componente autobiográfico y literario, pero con rigor científico. Siempre intento escribir de forma interesante y para un público amplio, y ésta no es la excepción. Estoy muy orgulloso de este libro, que no será el primero.

La invitación es para el día de mañana, primero de abril, a las 2 p. m. en el foro de publicaciones de la Feria Internacional del Libro, en Mexicali. Los espero ahí y podrán llevarse un ejemplar autografiado.

Los espero.

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Street flash

A veces por las noches, sobre la pista de asfalto, me ataca la fiebre interna. El suelo es reflejante (a veces) y muestra borrones luminosos: blancos, amarillos, azules, rojos. El aire se aclara y enrarece, como respirando. Mis pensamientos se retuercen como gusanos. Se contraen como los nervios de mi mano y es imposible moverme.

¿A ustedes les sucede?

Palabras que no me pertenecen, frases trilladas que describen mi fiebre interna, tropezando con un cliché tras otro. El panorama se desdibuja y tiembla. Los puntos de luz vibran, dejan una estela zigzagueante.

Sólo a veces.

Cortando el aire con un auto blanco en la negra noche. Aterrizo en una carreta de hot-dogs con dos o tres almas solitarias. Nos observamos subrepticiamente. Sabemos que somos idénticos. La cercanía de nuestros abismos es incómoda e intento incrementarla con mis audífonos. Me atienden en la carreta, pero no escucho nada de lo que dicen.

¿Cómo llegar a tiempo si se han detenido todos los relojes?

El tiempo llega como eco. Se repite cada vez, cada vez, cada vez. Menos, menos, menos. Una oleada de endorfinas en cada célula.

Es el shock de medianoche, la felicidad de ser ingenuo.

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Del arte de Marx al capital de Orozco

La Galería 184 de Ensenada ha organizado algunas pláticas y mesas de debate en fechas recientes. El próximo evento girará en torno a la reciente obra de Gabriel Orozco, el Oroxxo instalado en la galería Kurimanzutto. Les extiendo una cordial invitación, ya que estaré participando en la mesa. Para aquellos que no estén en Ensenada, también se transmitirá a través de Facebook en la página de la galería.

Les proporciono los datos completos:

Lugar: Galería 184 (Calle Blancarte 184, 22800 Ensenada).
Fecha y hora: Miércoles, 1ro de marzo, 7:00 p. m.
Participantes: Julio Ángeles, Miguel Lozano y Hartwig Lugo. Moderado por Rael Salvador.
Facebook: https://www.facebook.com/Galeria184/

Nos vemos el miércoles.

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Spoiler alert

Veo con horror que con el paso de los años hay cada vez más fobia a los llamados spoilers. ¿Qué son? Fragmentos de información que supuestamente nos "arruinarán" alguna película, libro o hasta una obra de teatro.

El mismo nombre lo dice. La palabra viene de spoil, que significa "echar a perder" en inglés. Puede usarse tanto para comida (cuando algo se pudrió) como para alguna persona que es demasiado consentida y la "echaron a perder".

Pero, al parecer, también puede suceder con las obras de ficción.

El miedo a los spoilers viene de la idea de que, dentro de la trama, se te revelará algo tan inesperado o impactante, que el escucharlo fuera de contexto arruinará tu experiencia porque ya no serás sorprendido. De hecho, tu experiencia estará tan arruinada, que ni siquiera valdrá la pena leer el libro o película en cuestión. La típica frase después de escuchar un spoiler: "¿Por qué me dijiste eso? ¡La quería ver!" ¿O sea que ya no quieres o cómo?

Algunos conocidos evitan incluso las redes sociales poco después del estreno de alguna película o episodio de T.V. Esto para evitar algún inoportuno que decida "arruinar" o "espoilear" (como también dicen) la diversión para todos.

Los estudios de cine guardan celosamente los guiones de sus cintas, aunque sean los churros más grandes del mundo. Además, envían las películas a los cines con un nombre clave, para que nadie las robe y revele sus jugosos secretos.

Por mi parte pienso que esto es totalmente ridículo y pretendo explicarles por qué.

Primero, una aclaración: estoy totalmente a favor de las tramas sorpresivas. Es agradable ser noqueado con la guardia baja, descubrir algún acontecimiento impredecible o ser engañado por el escritor. Yo mismo lo intento cuando escribo. Pero hay mucho más para disfrutar en una obra de ficción que las sorpresas, que son tan frágiles y perecederas que sólo sirven una sola vez. Son desechables.

Todavía recuerdo la primera vez que vi The empire strikes back. Cuando Luke Skywalker llegó a Dagobah, buscando a Yoda, se encuentra con una insignificante criatura verde. Mi mamá, que estaba detrás cuando la veía, dijo: "Ese es Yoda". Mi respuesta fue: "¡No puede ser!" Minutos después, este hecho es revelado. Sin embargo, yo no fui sorprendido porque mi mamá me lo "espoileó" minutos antes.

Creo que esto sucedió cuando yo tenía once o doce años. No sé cómo pude vivir tanto tiempo sin toparme con alguna lonchera, cartel o cereal con la cara de Yoda, pero así fue. Desde entonces, habré visto la cinta decenas de veces. Cada una de ellas con pleno conocimiento de que esa criatura verde era Yoda. ¿Se "arruinó" mi experiencia? Por supuesto que no, todo lo contrario. Cada vez que la veo, me gusta más, le encuentro más facetas. Incluso también he llegado a despreciarla para luego reencontrarme con ella. No se me arruinó nada.

Antes del siglo XX, la gente por lo general no esperaba ser sorprendida en la ficción. Era uno de los aspectos menos importantes de escribir. Durante el periodo romántico, el público esperaba más bien ser moralizado o edificado con la trama. Un final sorpresivo no agregaba mucho al disfrute de la obra.

Antes de eso, incluso buscaban únicamente la perfección de la forma. Era obvio el desenlace de una trama incluso antes de leerla. Es decir: Una tragedia terminará en muerte, una comedia terminará con un embrollo resuelto y sanseacabó.

¿Para qué veían entonces historias cuyo final era conocido?

Por el mismo motivo que releemos libros que nos gustan, escuchamos las mismas canciones una y otra vez y repetimos la misma película cuando queremos reír o llorar: Por el viaje.

La ficción nos lleva por un camino de principio a fin. Es tarea de los artistas hacer ese camino lo más interesante posible. Sólo puedes perder la virginidad una sola vez. Lo mismo va para las sorpresas en cine o televisión: funcionan una vez y ya.

Si una película sólo ofrece sorpresas, es muy mala.

No importa lo que tus amigos te digan sobre una película, nunca te "arruinarán" la música, la fotografía, la edición, los vestuarios, la escenografía y la mayoría de los diálogos. No importa lo que te digan sobre un libro, nunca te arruinarán el lenguaje, el tono, las metáforas, los juegos de palabras. No importa lo que te digan sobre una obra de teatro, nunca te arruinarán las actuaciones, la interacción con el público, la iluminación.

Los spoilers están sobrevalorados. No arruinan más que sorpresas.

Ha llegado a tales extremos esta fobia, que las personas no quieren que se les "arruinen" hechos históricos. Si se estrenará una película sobre algo acontecido a principios de siglo XX, no quieren que les cuenten "el final".

Pero la "espoilerfobia" no explica por qué hay tantos remakes hoy en día. Y no es un fenómeno nuevo, antes de que se quejen de la falta de originalidad de Hollywood, esto sucede desde hace siglos. La gente ha puesto en escena una y otra vez los mismos mitos, las mismas historias, las mismas fábulas.

¿Cuántas versiones no hay de Romeo y Julieta? ¿Cuántas versiones no hay del Quijote, Ícaro, Don Juan, Frankenstein...? Como niños antes de dormir, nos encanta que nos cuenten el mismo cuento una y otra vez.

Nos encanta, también, ser sorprendidos. Esto no tiene nada de malo. Pero recuerda que tú mismo estás arruinando las sorpresas al ver la película. Y, para eso son: las sorpresas son para conocerse. Si no quieres que la sorpresa pase, mejor no veas nada.

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Curso de redacción

A través de este medio los invito a un curso de redacción que impartiré en la Facultad de Artes de la UABC, en Ensenada. Dentro del curso veremos ejercicios prácticos sobre redacción creativa y académica. el costo es de $1500 pesos y la duración de dos semanas, a partir del 16 de enero. El horario es vespertino, de 3 a 7 p. m. Están cordialmente invitados, será muy divertido.

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Gasolinazo

Hace como diez años quería escribir un cuento sobre qué sucedería en una ciudad si repentinamente se acaba la gasolina. Le di muchas vueltas al asunto y lo dejé por la paz ya que me parecía demasiado inverosímil. Pensé iniciar la historia con un personaje que fuera rechazado en cinco gasolineras, hasta que se diera por vencido. Me imaginaba una ligera frustración en los habitantes de la ciudad, la cual mutaría en histeria colectiva con el paso de las semanas. Los ciudadanos robarían gasolina de autos estacionados y poco a poco se transformaría todo en un mugroso caos anárquico.

No era un tema tan original, otro motivo para no escribirlo. También debía investigar las vías de distribución de la gasolina en la región (porque pensé en Baja California) y encontrar un buen pretexto para que la gente no pudiera cargar gasolina al otro lado de la frontera.

No imaginé que se viviría una situación tan similar y tampoco visualicé lo fácil que es bloquear el flujo de combustible. Bueno, la realidad me ha superado, nuevamente.

Llegó el 2017 y con él nuestra primera mala noticia: un tremendo y horripilante gasolinazo. Esto ha traído protestas, movilizaciones y, sobre todo, muchos chistes. Es importante entender algo sobre los mexicanos: entre más chistes hagan de un problema, es mucho peor. Y los memes están a la orden del día.

Creo, desde el primer día de su mandato, que Enrique Peña Nieto es uno de los peores presidentes que hemos tenido. Representa lo peor del PRI, en uno de los peores momentos. Esa forma de pensar y esas estructuras ya no encajan con el siglo XXI. Pero es frustrante vivir las consecuencias. No puedo pensar en algo bueno que haya salido de él.

Algunos defensores del régimen afirman que es imposible que el gobierno controle los precios de la gasolina, ya que se ajustan a los precios internacionales. En esto coincido. De hecho, esto es así casi en todo el mundo. Lo que estas personas olvidan mencionar es que en este país, suba o baje el precio del petróleo, siempre sube todo. Además, esta precaria situación se debe a visión corta de este y anteriores gobiernos. ¿Cómo podemos afirmar que es una decisión inteligente? Es una decisión desesperada.

Si vemos todos los comunicados que ha dado el presidente, siempre existen mensajes ocultos, sutiles, de condescendencia y autoritarismo. El presidente nos habla como si fuéramos niños de cinco años, totalmente incapaces e ignorantes.

¿Quién puede dejar de ver las contradicciones del mensaje de Peña, cuando anunció que ya no habría gasolinazos? Y enfatizó: "Gracias a la reforma energética". Hoy dice que el aumento "no es por culpa de la reforma energética". Cuando bajaba antes el precio del petróleo, subía el precio de la gasolina. Y cuando sube, sucede lo mismo.

¿Creen que somos tontos? La respuesta es sí.

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El hombre como animal social (2016)

Si suprimimos nuestros prejuicios, complejos y máscaras, desnudándonos como especie, podremos entonces entender la construcción social que nos rodea. Ejercicio difícil en verdad, imposible emprenderlo solos. Necesitaremos de otro humano que nos apunte con el dedo y haga notar nuestras verdades, ya que a veces un espejo no es suficiente.

José Manuel León logra colocar este reflejo frente a la sociedad a través de sus pinturas, pero no se limita a copiarla: pone el dedo en la llaga. Lo logra con la herramienta más poderosa disponible para el hombre: la abstracción. Mediante ésta, cualquier tema, realidad y sentimiento deviene recursos pictóricos y el arte transforma el mensaje más directo en elocuencia.

Con fuerte carga post-surrealista, las figuras geométricas y los colores intensos representan a un hombre fragmentado, transformado en animal debido a sus partes faltantes. En “Personajes dialogando”, por ejemplo, un trío de seres incompletos son incapaces de comunicarse por culpa de aquello que carecen: Su incapacidad de comprender al otro. En “Todos contra todos I y II” esta incompletud se manifiesta en violencia, dominación.

El hábitat humano es ahora la sociedad, nuestra autopoiesis nos ha transformado en un animal político. Un animal con tradiciones que se abandonan y retoman, males que persisten evoluciones y revoluciones, esperanzas y compromisos. Momentos de gloria y bajeza, de genialidad y estupidez. Un animal contradictorio pero autoconsciente.

En este momento el artista y su arte pueden ayudar a despertar una introspección o detonar la metamorfosis. El artista observa su realidad, nutre con ella su obra, la transforma y reinterpreta. Echa la mirada dentro de sí, muy profundo. Habla de su reflejo a través de su obra. El arte más sublime trata, directa o indirectamente, del mismo artista, si éste tuvo el valor de otear su interior. Estos ejercicios logran el fin máximo de la obra de arte: construir un nuevo ser humano. Esta exposición es uno de tales intentos.

(Texto de sala para la exposición de pintura "El hombre como animal social" de José Manuel León, inaugurada el en Instituto de Cultura de Baja California en Tijuana).

2016-09-22 El hombre como animal social

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Dos presidentes, un mismo motivo

No debía ser sorpresa que Donald Trump ganara las elecciones de Estados Unidos. A pesar de eso, quedé sorprendido. Fui uno de los muchos que creyó las encuestas, reportajes y opiniones que circulaban en los medios. Todos le apostaban a Hillary Clinton. Ingenuamente pensé que una persona acusada de acoso sexual, con las declaraciones que cargaba a cuestas, no podría ganar en un país tan puritano. Me equivoqué a lo grande.

Sin embargo, puede entenderse tal victoria a través del miedo. No el miedo a Trump, el miedo al cambio. Trump representa ese dinosaurio que ha revivido para ver si logra poner orden en el aparente caos. Esta victoria es similar a la de Peña Nieto en el 2012, igual de vergonzosa y retrógrada. Claro, con matices diferentes, pero a final de cuentas ambos resultados son producto de países que quisieran tener una máquina del tiempo y regresar a épocas que les parecen mejores. Tal actitud es tan inmadura como la del adolescente que reprueba de año para no salir de la secundaria.

En México triunfó la democracia en el año 2000, posiblemente las únicas elecciones donde sabemos que el voto se respetó. Perdió el PRI, que mantuvo una hegemonía y control durante 70 años aproximadamente y llegó un partido a alternar en el poder: El PAN. Ingenuamente, los mexicanos pensamos que eso sería suficiente para que las cosas cambiaran. De cierta forma, si hubo cambios, pero no las grandes reformas y transformación nacional que muchos deseaban. Siguió la corrupción y la estupidez en las altas esferas de la política.

El siguiente presidente salió del mismo partido. Ya no está tan claro que haya llegado al poder por medios legítimos, y si hubo o no fraude en las urnas, lo que es seguro es que hubo apoyo ilegítimo de empresarios y otros grupos de poder. Inauguró una absurda guerra contra “las drogas” que desató la violencia. Se incrementó el número de asesinatos y las drogas seguían fluyendo igual que antes.

Ante este escenario, creo que el país reaccionó formulando una ecuación tramposa en su mente. Pensó que cuando reinaba el PRI había narcotráfico, si, pero no tanta violencia. Los narcos estaban tranquilitos y todo sereno. ¿Por qué cambiamos de partido? Antes las cosas funcionaban.

De una manera soñadora e irreal, muchos mexicanos pensaron que volver al viejo PRI sería volver a los años sesenta, cuando la economía del país estaba en mejor estado. Cuando no había tanto narcotráfico y la urbanización del país parecía ir en mejor camino.

Obviamente, casi todos los que votaron por Peña Nieto están arrepentidos, o deberían estarlo. La economía está en un pésimo estado, la libertad de expresión se redujo considerablemente y el autoritarismo ha vuelto con todo. Sin embargo, es obvio que las viejas estructuras del PRI ya no funcionan igual que antes. Televisa está en una grave crisis, afortunadamente. El presidente no puede tapar el sol con un dedo, y no controla la información como antes. De la misma forma, la opinión pública es sumamente negativa cuando dice algo autoritario. Seguramente sus asesores le han aconsejado ya no hablar así. Es más, algo más sencillo: ya no hablar. Que se limite a leer del teleprompter.

Por otra parte, tenemos a Estados Unidos. Un país que eligió al primer presidente afroamericano de su historia. Si bien esto no significó un cambio tan radical, fue un cambio a fin de cuentas. Hay muchas situaciones que son diferentes, que resquebrajan la idea tradicional de la familia, de la demografía, de la América blanca y tradicional.

Por una parte está el asunto del matrimonio igualitario, la exigencia de derechos de grupos minoritarios, la reducción de la población blanca del país, la exportación de empleos hacia otros lugares, los tratados internacionales de libre comercio, el cambio climático, y un largo, etcétera.

El cambio siempre da miedo, pero es una de esos fenómenos inevitables, por más que intentemos detenerlo. Las cosas siempre cambian, punto. Donald Trump logró paliar un poco ese miedo con su lema: “Make America great again”. ¡Volvamos al pasado! A ese tiempo donde todo era color de rosa, todo parecía funcionar bien y las cosas eran bonitas. Las elecciones fueron entre la primera presidenta y lo mismo de siempre.

Varias conclusiones son obvias para aquel que las piense un poco: Las cosas nunca fueron grandiosas para ninguno de los dos países. En México la libertad de expresión era inexistente, el machismo era mucho más acentuado que hoy (y hoy lo es mucho). Nuestra economía funcionaba porque proveíamos materia prima para guerras y el mundo no se había globalizado tanto todavía.

En Estados Unidos los grupos minoritarios eran ignorados o marginados. El racismo era invisible porque estaba en todas partes. Su economía también funcionaba mejor porque no había globalización, las corporaciones no lo controlaban todo todavía para los intereses de unos cuantos. No había tanta desigualdad.

Es ingenuo querer volver a “un tiempo mejor” regresando el reloj. Son patadas de ahogado de un niño que se rehúsa a crecer. Ambos elegimos a nuestros presidentes por el mismo motivo y pagaremos las consecuencias. Hay que construir un futuro, no un pasado.

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Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas (2013), de Leontxo García

Desde mi punto de vista, Leontxo García es una de las personalidades del ajedrez más carismáticas del mundo. Su amplia trayectoria abarca cuarenta años: Diez como jugador profesional y treinta como periodista del juego. Apareció en televisión, comentando jugadas famosas; ha publicado columnas para diarios españoles y reportea cientos de torneos alrededor del mundo. En este libro de 2013, retoma asuntos que ha discutido a lo largo de los años, especialmente los mezclar ajedrez y ciencia.

¿Qué más se puede decir de este juego que no se haya dicho antes? Increíblemente, el libro ofrece algunas novedades. Quisiera hacer una subjetiva reseña y destacar aspectos importantes. Advierto desde el principio que vale mucho la pena leerse.

El libro se divide en tres partes. La primera se titula "Los misterios del ajedrez" y se dedica a plantear preguntas que siguen sin resolverse. Por ejemplo, la discrepancia entre el juego de hombres y mujeres. Es decir, hay pocas jugadoras que lleguen a estar entre las mejores del mundo, ¿a qué se debe esto? La respuesta que propone Leontxo es cultural, sin embargo, no hay nada conclusivo. Los argumentos se presentan en extenso y es un buen punto de partida para investigar más.

Más interesante me resultó el capítulo dedicado al ajedrez y el antidopping. Como este juego ha intentado legitimarse como deporte en muchas partes del mundo, es lógico que se quieran aplicar las mismas convenciones para ser aceptado. La pregunta es: ¿hay drogas que incrementen el rendimiento de los ajedrecistas? Buena discusión.

La segunda parte de libro se llama "El ajedrez enseña a pensar" y discute los supuestos beneficios que se le atribuyen al noble juego. Mucho se ha hablado de que retrasa el Alzheimer, que desarrolla el intelecto y que ejercita la memoria. ¿Qué tan cierto es esto? Las pruebas, lamentablemente, tampoco son muy contundentes que digamos. Aún así, el autor presenta algunos argumentos a favor en base a su experiencia personal.

El capítulo más interesante para mi, fueron las incursiones del ajedrez en la cárcel. Leontxo ha participado en estas iniciativas y comparte sus vivencias:

«El ajedrez nos quita mucha cárcel», me dijo [un recluso], muy serio, en referencia a que cada hora invertida ante el tablero pasaba mucho más rápido que haciendo otra cosa, y además durante ese tiempo no pensaba en nada malo. Y su segunda sentencia fue magistral: «El ajedrez es especialmente bueno para nosotros, porque nos enseña a pensar en las consecuencias de lo que hacemos antes de hacerlo».

El autor también aborda la otra cara de la moneda: Ajedrecistas que terminaron sus vidas con severos desequilibrios mentales. Paul Morphy y Bobby Fischer son los casos más famosos. Aunque a veces el juego se asocia con trastornos mentales, en realidad han sido muy pocos los que terminan locos. El principal aporte de este libro son las experiencias personales que tuvo el autor con Bobby Fischer, quien desapareció de los torneos después de ganar el campeonato mundial. Poco se supo de él durante muchos años, a excepción de algunas apariciones públicas. El autor arroja algo de luz al asunto.

La última parte del libro tiene de nombre "Chips y neuronas, más de dos siglos en jaque" y se dedica a los recientes avances de la informática en la materia. Es la parte más extensa del libro y quizá la más fascinante para mi. Aunque, claro, quizá tenga que ver que soy ingeniero en sistemas computacionales. Lamentablemente, en esta tercera sección no hay aportes muy originales.

El autor inicia hablando de "El turco", una misteriosa máquina de ajedrez que aparentemente jugaba de manera excelente con una primitiva maquinaria. Después retoma la olvidada figura de Torres Quevedo, un inventor español que, entre sus muchos artefactos, se encontraba una maquinaria que lograba dar jaque mate al rey en un tablero con pocas piezas. Varios lo consideran el primer videojuego de la historia y data de 1912.

El resto de la sección es historia ya contada en otras partes. Los desarrollos de la informática, las partidas de Kasparov contra Deep Blue y la encrucijada en la que se encuentra hoy en día el juego. Aparentemente las computadoras son ya mejores que el ser humano, ¿qué resta por hacer? Leontxo sugiere modificar el juego, quizá tomar la iniciativa de Bobby Fischer con su Ajedrez 960, en donde el orden inicial de las piezas es aleatorio para evitar la memorización. Esto debido a que muchos de los grandes maestros actuales juegan hasta los primeros 25 movimientos de memoria. Consecuencia, sin duda, de los extensos análisis que se hicieron durante el siglo XX.

Aunque es sumamente interesante, tengo algunas quejas con respecto a este libro: Es muy desigual. Es decir, como se compone de artículos y escritos elaborados a lo largo de muchos años, no tienen un estilo ni formato uniforme. De pronto el libro tiene capítulos y secciones muy extensos y de pronto son sumamente breves. A veces es una narrativa histórica y en otras discurre en territorio más científico. Incluso incluye una muy extensa entrevista con Fernand Gobet, escéptico de los beneficios del ajedrez. En ella, ambos bandos se mantuvieron obstinados en sus posturas y más parecía una partida de ajedrez sin jaque mate, pero con clara ventaja para Gobet. En la tercera parte, la del ajedrez informático, se incluye también el listado completo de muchas partidas. Se siente extraño que se inserten estos listados después de que durante más de la mitad del libro no aparecen por ningún lado. Sin embargo, se entiende su importancia, ya que ilustran muy bien los puntos argumentados por el autor. También se echa de menos el uso de imágenes.

Por otra parte, es un compendio excelente de temas y asuntos relacionados con lo que afirma su título. Está escrito con un estilo ameno e interesante. Lo recomiendo ampliamente.

268 páginas
Editorial: Crítica (2013)
ISBN-10: 8498925525
ISBN-13: 978-8498925524

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