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Pacific Rim (2013)

Esta es la mejor película de puñetazos entre monstruos contra robots gigantes. Lamentablemente, no es decir mucho. ¿Contra qué podemos compararla? Al verla pensé en los Power Rangers, en varias películas de Gozilla y en algunas series de anime como Voltron, Mazinger Z y Robotech. Así que, de entrada, ser la mejor de esas no es un gran mérito.

La trama es la siguiente: Como en War of the worlds (2005), extraterrestres asesinos surgen del subsuelo. Específicamente salen de una falla tectónica en el océano pacífico. Como en Godzilla (1998) y Cloverfield (2008), son monstruos gigantes cuyo objetivo es destruir las ciudades más grandes de la costa. La humanidad, para protegerse de esta amenaza, construyó robots controlados por humanos como en Mazinger Z. Cada que surge un monstruo, se lanza uno de estos robots, llamados Jaegers, a defender la ciudad. Mediante puñetazos, llaves, lanzamientos y demás, se derrota al gigantesco monstruo y la ciudad está segura de nuevo. Claro, no sin antes destruir la mitad de sus edificios.

¿Qué sucede en la película entre pleito y pleito? Unas figuras de cartón repiten parlamentos sacados de otras películas, principalmente de Independence day (1996). El plan de los extraterrestres es el mismo en ambas películas, incluso la manera en que los humanos se enteran es igual (un vínculo telepático). El plan para que la humanidad gane es también el mismo, y se ejecuta casi de manera idéntica. (Si sienten que esto es un spoiler, no me culpen a mi, culpen a las Guillermo del Toro). Hay varias figuras de cartón que también fueron sacadas de esa película, incluyendo el científico que está emocionado por los extraterrestres a pesar de que están a punto de destruir el planeta. Alguien muy serio tiene que recordarle que no es cosa de chiste, y que guarde respeto por las víctimas de tan tremenda amenaza.

A pesar de todas las quejas que podría tener sobre la película, y son muchas, hay algo que me molestó en particular. No creo que vaya a ser mencionado en otras reseñas, así que lo pongo aquí: Me estresó mucho que golpearan a los monstruos. Va a sonar raro, pero al final de cuentas esos monstruos son seres vivos, sienten dolor. Los robots son viles pedazos de fierro. Además: ¿Por qué todas las películas asumen sin cuestionar que nosotros somos mejores que ellos? ¿Qué nos da ese derecho intergaláctico de matar a todo lo que sea una amenaza para nosotros e incluso aquello que no es una amenaza? Algunas películas tienen un asomo de conciencia y parecen cuestionarlo, como Starship troopers (1997), pero la gran mayoría da por hecho que merecemos vivir y los extraterrestres morir. Estos extraterrestres son seres vivos que surgieron por evolución como nosotros, ¿de verdad fue un gran logro destruirlos? Me fue muy difícil empatizar con los humanos en esta película, de cierta manera quería que los monstruos ganaran.

Hay miles de cosas mal con esta película: El diseño de los robots es ridículo e ineficiente, la japonesa que sale como supuestamente buena peleadora tiene un cuerpo que indica que ni ejercicio hace, el desarrollo de los personajes es nulo, las actuaciones blandas y nada memorables. En fin...

Quisiera saber dónde está el director de El laberinto del fauno. Se le extraña.

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Camera Obscura

Traigo en la cabeza una canción del nuevo disco de Camera Obscura. Es una banda "indie" de esas en donde cantan como si tuvieran mucha hueva y tocan en Coachella. Durante muchos años critiqué la música "indie" y grupos como ese, pero mírenme ahora escuchándola a cada rato. Oh, well... Ahora traigo barba malcrecida, lentes de pasta, tennis converse, gorritos y algunas camisetas "irónicas". Si no me los hubieran robado, también utilizaría mis audífonos ridículamente grandes. Hace poco cargaba mi cámara digital para todas partes, tomando cuanta imagen se me atravezara enfrente, haciendo notitas de proyectos fotográficos y así. Pero ya no, porque también mi cámara ha sido robada. El punto es que uno siempre termina convirtiéndose en eso que odia. Como George Lucas.

A veces mediante las herramientas de los sujetos que uno odia, ocurre una transformación personal. Los grandes liberadores de países oprimidos terminan muchas veces convirtiéndose en terribles dictadores. Críticos de grandes religiones terminan fundando sectas que incurrien en corrupciones iguales o aún peores. Por algo esos individuos se ensañan precisamente con esas figuras de poder, porque ven su propio reflejo. Quieren quitarlos para colocarse ellos en su lugar. Quizá por eso criticaba tanto a los hipsters y demás, aunque todavía lo hago. Quizá por eso siempre decimos de nuestros archienemigos: "Él no es auténtico, yo sí lo soy".

Aunque terminamos observando en el espejo el mismo reflejo de siempre.

New year's resolution - to write something of value
New year's resolution - to write something would be fine
All I ever wanted was someone to rely on
All I ever wanted was somewhere to call home
You offer a friendship I can not reciprocate
So don't beg me, in a garden, for it not to end this way

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La mudanza digital

Hoy hice exorcismo de mi colección de discos quemados. En un momento de mi vida me enorgullecí de poseer una colección enorme de películas, música, software, juegos y demás cochinero que grababa en discos compactos. Junté torres y torres de discos que se apilaban en mi departamento y llamaban siempre la atención de mis visitas. Mudarme era una verdadera monserga. Principalmente por los discos, pero no puedo ignorar que los libros presentaron batalla similar.

En el escrutinio y limpieza mis hallazgos fueron decepcionantes. Encontré software obsoleto, canciones de calidad lamentable, películas de resolución vergonzosa y sonido tambaleante. Sin contar que me horroricé por poseer algunos filmes tan malos. Guardé cosas que consideré importantes en su momento pero resultaron frivolidades. Con los años, todo archivo adquirió perspectiva.

¿Por qué los guardé? Muchas películas las descargué como obras de consulta. Si requería recordar algo para un ensayo, escrito en el blog o simplemente por gusto, podría sacar el CD y reproducirlo en la computadora. Podría además, extraer el audio, sacar clips o fotografías a partir del video. Creía que eran una base de datos importante para mi desarrollo como persona.

Cuando comencé a quemar discos, por el 2001, Internet no era tan accesible como hoy. Las velocidades de descarga todavía eran tortuguientas. Una película podía tardar una semana o más. No existía YouTube, Cuevana ni Netflix. No era tan fácil obtener video para entretenerte en la computadora. Una vez descargado, lo más sensato era conservarlo en un disco compacto. Además, las redes de compartición de archivos eran volátiles: Uno no sabía cuándo las cerrarían, como sucedió repentinamente con Napster, Kazaa o Audiogalaxy.

Pero estamos en la época en donde las películas se descargan en minutos. Las opciones para verlas en línea o en disco a precios accesibles abundan. Es la era de la nube, todo puede ser descargado de nuevo o respaldado en línea. Los años transcurrieron mientras yo todavía cargaba con mis hijitos los discos compactos, pero la necesidad de ellos había desaparecido. Me di cuenta apenas hoy.

Fui despiadado con ellos. Caí en cuenta de que todas esas películas podían ser descargadas inmediatamente y con mejor calidad. Ahora tenemos Blu rays, cuya resolución deja en verguenza al DVD, que ya se veía impresionante. Las canciones y discografías que guardaba en esas pilas de plástico parecen ringtones. Nada digno de poner en mis audífonos. El software que guardé ni siquiera corre en mi computadora de lo viejo que es. Se descarga la nueva versión bien fácil. Acumulé mucha basura.

Lo más triste es que ni siquiera miré muchas de esas películas. Guardé el disco con la esperanza de que en un futuro tendría tiempo. Quizá ya lo tengo, pero prefiero descargarla de nuevo. Gasté mucho en comprar esos cientos de discos, y terminaron en la basura.

En realidad creo que Blu ray será el último formato de disco compacto que conoceremos. Posteriormente todo será inalámbrico, en red, en la nube. Creo, además, que es un cambio positivo. Me gustaría deshacerme de todos mis papeles, libros, discos, fotos... Tener todo digital. Vivir ligero. Mudarme sólo con algo de ropa y muebles, sin necesidad de mover cajas y cajas de información. No soy ciego, sé que vivir totalmente digital tiene sus desventajas, pero ahorita mismo quisiera reducir los kilos que aporto a este planeta.

Mis libros son otra historia. Se las cuento luego.

Buenas noches.

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After Earth (2013)

He vivido momentos horrendos dentro de salas de cine. Sobre todo cuando se proyecta una película de M. Night Shyamalan. Aunque filmó por accidente una buena película (Sexto sentido), el resto de su carrera ha empeorado hasta un absoluto nadir cinematográfico. Recuerdo, por ejemplo, el coraje y la ira infinita que me provocó Lady on the water (2006). Ridícula, cursi, incoherente y aburrida. La palma de oro se la lleva The last airbender (2010), que me hizo considerar seriamente extirpar mis ojos para nunca verla de nuevo, ni por accidente. Comprenderán entonces por qué entré a la sala de After Earth (2013) con expectativas nulas. ¿Para qué fui a ver una película de un director cuya obra aborresco? Morbo, uno de los motores de mi vida.

La trama es sencilla: Un padre frío y distante desea que su hijo crezca siendo un militar tan bueno como él. En el futuro de la cinta, la tierra está destruida por la contaminación y el hombre colonizó nuevos planetas. En éstos, hay letales animales llamados Ursos, que detectan al ser humano en base al olor. Específicamente pueden oler el miedo. Will Smith es un soldado que ayudó a matarlos gracias a que dominó su miedo, haciéndose invisible para estas criaturas. Esta supresión también se tradujo en una personalidad fría y distante. Por ello, para crear un vínculo real con su hijo, lo invita a un viaje militar. La nave se estrella en un peligrosísimo planeta llamado Tierra, en el cual deben luchar para sobrevivir.

Los críticos han destrozado la película como ursos salvajes. La mayor parte de las reseñas no distan mucho de otras sobre el mismo director. La tachan de lenta, aburrida, sin imaginación, predecible... Ven en ella únicamente un vehículo para el ego de Will Smith y su hijo.

Pero admito con sorpresa que la película me ha agradado. Expondré brevemente mis motivos: Estoy harto de las películas de Hollywood. Cada día siento que se agranda el abismo entre lo que yo quiero de una película y lo que los cines me dan. Todo mundo parece amar The Avengers, Iron Man 3, The Dark Knigh Rises y qué se yo cuántas otras películas que a mi me parecen somníferas. Todas cortadas con el mismo molde.

Sin bien After Earth es sumamente predecible, hay algo que le agradezco sobremanera: No es una película de acción. Mientras que las producciones actuales consideran necesarias miles de secuencias de persecución, muchas explosiones, destrucción, ruido, grito y balazos, After Earth se toma su tiempo para contar una historia. Demasiado tiempo, dirían algunos, pero estoy tan harto de la ciencia ficción y fantasía exagerada que este cambio se aprecia. Si la trama es predecible, no me importa: Existe.

Tomemos, por ejemplo, la escena en donde la nave se encuentra con una lluvia de asteroides antes de estrellarse. Si esta hubiese sido una producción hollywoodense más, los asteroides serían acompañados de una chicharra de alarma, luces rojas por todas partes y voces robóticas femeninas gritando: “¡Peligro! Daño en el reactor de propulsión” o algo así. Acá los personajes intentaron mantener la calma, y nadie corrió como gallina sin cabeza.

Esto, por supuesto, es “aburrido” para el cinéfilo promedio. Pero estoy seguro que si esta película, con el mismo guión, hubiese sido estrenada en los setenta, sería un gran éxito. No dista mucho de otras producciones como El planeta de los simios (la original, no la versión asquerosa de Tim Burton) u Soylent Green con Charlton Heston.

Hoy en día, hasta Star Trek es una película de acción con puñetazos y persecusiones. Por eso agradezco que exista After Earth. Sé que no es una gran película. Son criticables sus personajes acartonados, los sucesos predecibles, las malas actuaciones... ¿No son fallas también del 99% de las películas actuales? Al menos esta se toma su tiempo en contar la historia y aproximarse a un tema trillado de una manera un tanto diferente.

Pero no me hagan mucho caso, creo que habla el anciano que llevo dentro.

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Este impuso que se rehúsa a morir

Cerré mi blog anterior con mucha vergüenza, pero también con mucho orgullo. Quizá no visitaron ustedes mi blog anterior, hospedado en blogspot, y por tanto los felicito. ¿Por qué? Porque ya no pienso así, ya no escribo así... Cuando lo leía me peleaba conmigo mismo y deseaba cambiar el pasado y reescribir mis entradas. Consecuencias naturales del madurar y crecer, supongo yo.

Si te tocó leerlo, te felicito. A pesar de que había mucho contenido lamentable, también hubo mucha diversión en el camino. Desde que inicié mis blogueos, el 24 de enero de 2004, hasta el 2012, cuando cerré Botellas al mar, el camino fue interesantísimo. Doloroso también, pero muy divertido.

Y aquí estoy de nuevo, desoxidando este músculo de la escritura personal que, créanlo o no, se atrofia bastante rápido. Ya no recuerdo lo que es bloguear, o hacer estos breves escritos, cómo hacerlos interesantes. Siempre pensé que mi blog era una práctica para la literatura, pero nunca me di cuenta del mucho bien que me hacía. Ahora batallo para redactar incluso esto.

Bueno, pues, dejo de dar lástima y declaro inaugurado este nuevo blog.

Cheers.

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Horizonte de sucesos

La vida es difícil cuando guardas un hoyo negro dentro de ti. Es un pequeño y sucio secreto que intentas mantener oculto. Los sentimientos orbitan en torno a tu centro de gravedad, dan dos o tres vueltas para desaparecer por siempre succionados, pulverizados por el horizonte de sucesos. Y queda espacio para que las garras de tu vacío se estiren para atrapar lo que puedan, devoren todo aquello que parezca emotivo. Siempre queda espacio, llenarlo sólo lo agranda.

Otra persona sin este vacío se acerca de cuando en cuando. Te observa de lejos y, como planta carnívora, tu vórtice vestirá sus mejores galas. Lucirá apetitoso, acogedor. Al inicio es divertido alimentarlo.

Por eso te lo advierto desde ahora: estás a prudente distancia. Retírate de ser posible. Yo estiro mis manos, presento mi piel agradable al tacto. Te ofrezco mis sensuales labios abiertos, mis ojos chispeantes. Deséame un poco más, acércate centímetro a centímetro. Casi puedo rozarte. Esta agonía me exige tenerte.

Te lo advierto de nuevo: dentro de mí existe un abismo. Observas un túnel infinito, una cascada sin fondo. Si cruzas esta línea, entrarás al punto sin retorno. Desde dentro hacia afuera verás cada vez menos. Luego, nada.

Por favor, da un paso adelante. Tengo el pecho descubierto, ¿qué esperas?

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Extraño los blogs personales

Cuando inicié este espacio en Internet, pensé como muchos que por fin tendría un lugar donde desahogarme. Nuestros problemas cotidianos parecen tan importantes que a veces alivia la carga el saber que son compartidos por otros. O al menos que tenemos un público al tanto de nuestro sufrir y que toda nuestra miseria y desventuras sirven cuando menos de telenovela para algún desconocido.

Sospecho que en un principio así fue: en el blog relataba mis enfermedades de las vías respiratorias, mis hábitos alimenticios, la hora a la que me había despertado, lo que me hacía triste y feliz.

Agarré práctica, y aprendí a narrar mejor. Esto me ganó lectores y habilidad para mantenerlos atrapados. Pasé de LiveJournal a Blogger y mi visibilidad aumentó. Me reconfortaba ser leído, así que dejé de contar de mi vida cotidiana y traté temas de interés general. Muchas veces eran personales, pero no tanto como para ser incomprensibles para extraños.

Motivé a mucha gente a sacar un blog. Me gustaba leer lo que escribían mis amigos. Era una forma de conocerlos mucho mejor. Hasta la fecha, tengo en mi lector de feeds algunos blogs antiquísimos, que no se actualizan como desde el 2008 o 2009. Aún los revisito de vez en cuando. A través de ellos recuerdo tiempos mejores, con menos preocupación y más tiempo libre.

Hoy las redes sociales lo han capturado casi todo. He cerrado mi Facebook recientemente, quizá pronto regrese, pero necesitaba un respiro. Desactivar mi perfil de Facebook significa que nadie leerá los escritos de este blog. Poca gente se interesa por seguir los blogs manualmente, como antes, cuando entrábamos directo al URL de cada blog que te interesaba seguir.

Lo que más me duele es ya no poder sincerarme aquí. Hoy es muy arriesgado por diversos motivos: laborales, personales, familiares, etc. Revelar demasiada información personal en el pasado me trajo muchos problemas que desearía no tener de nuevo. Por eso me muerdo la lengua, o contengo mis dedos, a la hora de expresarme.

Pero lo extraño. Una que otra persona que conozco sigue escribiendo como antes, como si nadie leyera, como si no importara. Los envidio mucho. Intentaré ser más sincero, más aterrizado. Eso, por supuesto, significa más aburrido, más incoherente. Yo mismo me limito por que quiero que cada post sea genial y relevante. Eso me detiene muchísimo. Quizá si escribo sin pensar tanto, será igual de interesante que antes.

Pienso también en toda la gente que podría leer esto, y que no quiero que lo haga. Es como una ventaja injusta para ellos, el enterarse de muchas cosas que suceden en mi vida cuando yo no se nada de ellos. No sé, quizá es mi paranoia actuando.

Me he aislado mucho voluntariamente. No ha sido fácil, pero ha sido sano. Eso me da, un poquito, la confianza de ser sincero otra vez. He cambiado muchísimo, quizá me daba pena admitirlo, pero, ¡bah! El cambio es bueno. Muy bueno.

Así que, de ahora en adelante, escribiré otra vez como si nadie me estuviese leyendo, como si no hubiera mañana.

De todas formas quizá nadie me lee y quizá no haya mañana.

So, there...

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Lust for life

Cuando era niño no me gustaba relacionarme con adultos. Esto es normal, ¿a qué niño le gustan? Pero creo que en mi caso era casi una aberración. Simple y sencillamente no podía entenderlos. Se me hacían aburridos. Sus conversaciones: Repetitivas, poco interesantes. En general, algo en lo cual no quería convertirme.

A veces acompañaba a mi papá a su trabajo y sus compañeros me saludaban. Se agachaban con una sonrisa condescendiente. No recuerdo bien lo que decían pero el tonito no lo olvido. Como si estuvieran diciendo: "Ay, ¡mira el niñito!" con una supuesta ternura que me hacía enojar. En el momento no me daba cuenta, es hasta hoy que me pongo a pensar en ello. No entiendo por qué me trataban así.

Yo tenía miedo a ser adulto. No a cumplir años, no a envejecer: A hacerme como ellos. ¿Iba a tener ese tipo de conversaciones? ¿Iba a hacer esas bromas? ¿Iba a dejar de gustarme la música diferente? ¿Me iba a desapasionar el cine? ¿Iba a decir que me gusta leer pero que "no tengo tiempo"? Era horroroso el prospecto.

Cuando entré a trabajar a COBACH, mis compañeros de trabajo me veían estudiando una segunda licenciatura y luego entrando a una maestría y me decían: "Es que tu haces eso por que estás joven. Yo a tu edad estaba igual, quería comerme el mundo de un bocado". No sólo ellos me lo decían, los "adultos" consideraban todas mis actividades como arranques juveniles que irían muriendo con el tiempo. El mensaje implícito era que tarde o temprano estaría como ellos. "Nomás espérate y verás".

Ya casi cumplo treinta años y la buena noticia es que todavía no me hago así. Por fin entendí que no son los años los que transforman así a una persona. No es automático. Me sigue gustando música nueva, no me he desapasionado del cine, me doy tiempo para leer, todavía puedo disfrutar caricaturas o videojuegos. Me tiro en el pasto como cuando iba en la prepa. Sigo con muchísimas ganas de estudiar, de hacer cosas nuevas, de arriesgarme, de vivir.

Ahora veo a muchas personas de mi edad y me pregunto qué les pasó. Son como esa gente que yo veía de niño. Hacen esos chistes, tienen el tono de voz, los gustos. No quiero ser despectivo, pero me aburren bastante. Debo ser sincero y admitirlo.

Cuando veo mis alumnos adolescentes, a veces tengo buenas conversaciones con ellos. A pesar de su corta edad, inexperiencia, inmadurez y demás, tienen todavía muchísimas ganas de vivir. Una pasión desbordante, es lo que se me hace interesante. Sé que a muchos de ellos se les irá muriendo poco a poco, pero espero que en uno que otro sobreviva.

Se puede crecer, se puede cambiar, se puede vivir. Se puede llevar una vida rutinaria, incluso, y ser apasionado por la vida. Eso se nota, no se puede fingir.

Aprendí que la pasión por vivir solo muere si uno la deja morir.

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