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Spoiler alert

Veo con horror que con el paso de los años hay cada vez más fobia a los llamados spoilers. ¿Qué son? Fragmentos de información que supuestamente nos "arruinarán" alguna película, libro o hasta una obra de teatro.

El mismo nombre lo dice. La palabra viene de spoil, que significa "echar a perder" en inglés. Puede usarse tanto para comida (cuando algo se pudrió) como para alguna persona que es demasiado consentida y la "echaron a perder".

Pero, al parecer, también puede suceder con las obras de ficción.

El miedo a los spoilers viene de la idea de que, dentro de la trama, se te revelará algo tan inesperado o impactante, que el escucharlo fuera de contexto arruinará tu experiencia porque ya no serás sorprendido. De hecho, tu experiencia estará tan arruinada, que ni siquiera valdrá la pena leer el libro o película en cuestión. La típica frase después de escuchar un spoiler: "¿Por qué me dijiste eso? ¡La quería ver!" ¿O sea que ya no quieres o cómo?

Algunos conocidos evitan incluso las redes sociales poco después del estreno de alguna película o episodio de T.V. Esto para evitar algún inoportuno que decida "arruinar" o "espoilear" (como también dicen) la diversión para todos.

Los estudios de cine guardan celosamente los guiones de sus cintas, aunque sean los churros más grandes del mundo. Además, envían las películas a los cines con un nombre clave, para que nadie las robe y revele sus jugosos secretos.

Por mi parte pienso que esto es totalmente ridículo y pretendo explicarles por qué.

Primero, una aclaración: estoy totalmente a favor de las tramas sorpresivas. Es agradable ser noqueado con la guardia baja, descubrir algún acontecimiento impredecible o ser engañado por el escritor. Yo mismo lo intento cuando escribo. Pero hay mucho más para disfrutar en una obra de ficción que las sorpresas, que son tan frágiles y perecederas que sólo sirven una sola vez. Son desechables.

Todavía recuerdo la primera vez que vi The empire strikes back. Cuando Luke Skywalker llegó a Dagobah, buscando a Yoda, se encuentra con una insignificante criatura verde. Mi mamá, que estaba detrás cuando la veía, dijo: "Ese es Yoda". Mi respuesta fue: "¡No puede ser!" Minutos después, este hecho es revelado. Sin embargo, yo no fui sorprendido porque mi mamá me lo "espoileó" minutos antes.

Creo que esto sucedió cuando yo tenía once o doce años. No sé cómo pude vivir tanto tiempo sin toparme con alguna lonchera, cartel o cereal con la cara de Yoda, pero así fue. Desde entonces, habré visto la cinta decenas de veces. Cada una de ellas con pleno conocimiento de que esa criatura verde era Yoda. ¿Se "arruinó" mi experiencia? Por supuesto que no, todo lo contrario. Cada vez que la veo, me gusta más, le encuentro más facetas. Incluso también he llegado a despreciarla para luego reencontrarme con ella. No se me arruinó nada.

Antes del siglo XX, la gente por lo general no esperaba ser sorprendida en la ficción. Era uno de los aspectos menos importantes de escribir. Durante el periodo romántico, el público esperaba más bien ser moralizado o edificado con la trama. Un final sorpresivo no agregaba mucho al disfrute de la obra.

Antes de eso, incluso buscaban únicamente la perfección de la forma. Era obvio el desenlace de una trama incluso antes de leerla. Es decir: Una tragedia terminará en muerte, una comedia terminará con un embrollo resuelto y sanseacabó.

¿Para qué veían entonces historias cuyo final era conocido?

Por el mismo motivo que releemos libros que nos gustan, escuchamos las mismas canciones una y otra vez y repetimos la misma película cuando queremos reír o llorar: Por el viaje.

La ficción nos lleva por un camino de principio a fin. Es tarea de los artistas hacer ese camino lo más interesante posible. Sólo puedes perder la virginidad una sola vez. Lo mismo va para las sorpresas en cine o televisión: funcionan una vez y ya.

Si una película sólo ofrece sorpresas, es muy mala.

No importa lo que tus amigos te digan sobre una película, nunca te "arruinarán" la música, la fotografía, la edición, los vestuarios, la escenografía y la mayoría de los diálogos. No importa lo que te digan sobre un libro, nunca te arruinarán el lenguaje, el tono, las metáforas, los juegos de palabras. No importa lo que te digan sobre una obra de teatro, nunca te arruinarán las actuaciones, la interacción con el público, la iluminación.

Los spoilers están sobrevalorados. No arruinan más que sorpresas.

Ha llegado a tales extremos esta fobia, que las personas no quieren que se les "arruinen" hechos históricos. Si se estrenará una película sobre algo acontecido a principios de siglo XX, no quieren que les cuenten "el final".

Pero la "espoilerfobia" no explica por qué hay tantos remakes hoy en día. Y no es un fenómeno nuevo, antes de que se quejen de la falta de originalidad de Hollywood, esto sucede desde hace siglos. La gente ha puesto en escena una y otra vez los mismos mitos, las mismas historias, las mismas fábulas.

¿Cuántas versiones no hay de Romeo y Julieta? ¿Cuántas versiones no hay del Quijote, Ícaro, Don Juan, Frankenstein...? Como niños antes de dormir, nos encanta que nos cuenten el mismo cuento una y otra vez.

Nos encanta, también, ser sorprendidos. Esto no tiene nada de malo. Pero recuerda que tú mismo estás arruinando las sorpresas al ver la película. Y, para eso son: las sorpresas son para conocerse. Si no quieres que la sorpresa pase, mejor no veas nada.

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Curso de redacción

A través de este medio los invito a un curso de redacción que impartiré en la Facultad de Artes de la UABC, en Ensenada. Dentro del curso veremos ejercicios prácticos sobre redacción creativa y académica. el costo es de $1500 pesos y la duración de dos semanas, a partir del 16 de enero. El horario es vespertino, de 3 a 7 p. m. Están cordialmente invitados, será muy divertido.

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Gasolinazo

Hace como diez años quería escribir un cuento sobre qué sucedería en una ciudad si repentinamente se acaba la gasolina. Le di muchas vueltas al asunto y lo dejé por la paz ya que me parecía demasiado inverosímil. Pensé iniciar la historia con un personaje que fuera rechazado en cinco gasolineras, hasta que se diera por vencido. Me imaginaba una ligera frustración en los habitantes de la ciudad, la cual mutaría en histeria colectiva con el paso de las semanas. Los ciudadanos robarían gasolina de autos estacionados y poco a poco se transformaría todo en un mugroso caos anárquico.

No era un tema tan original, otro motivo para no escribirlo. También debía investigar las vías de distribución de la gasolina en la región (porque pensé en Baja California) y encontrar un buen pretexto para que la gente no pudiera cargar gasolina al otro lado de la frontera.

No imaginé que se viviría una situación tan similar y tampoco visualicé lo fácil que es bloquear el flujo de combustible. Bueno, la realidad me ha superado, nuevamente.

Llegó el 2017 y con él nuestra primera mala noticia: un tremendo y horripilante gasolinazo. Esto ha traído protestas, movilizaciones y, sobre todo, muchos chistes. Es importante entender algo sobre los mexicanos: entre más chistes hagan de un problema, es mucho peor. Y los memes están a la orden del día.

Creo, desde el primer día de su mandato, que Enrique Peña Nieto es uno de los peores presidentes que hemos tenido. Representa lo peor del PRI, en uno de los peores momentos. Esa forma de pensar y esas estructuras ya no encajan con el siglo XXI. Pero es frustrante vivir las consecuencias. No puedo pensar en algo bueno que haya salido de él.

Algunos defensores del régimen afirman que es imposible que el gobierno controle los precios de la gasolina, ya que se ajustan a los precios internacionales. En esto coincido. De hecho, esto es así casi en todo el mundo. Lo que estas personas olvidan mencionar es que en este país, suba o baje el precio del petróleo, siempre sube todo. Además, esta precaria situación se debe a visión corta de este y anteriores gobiernos. ¿Cómo podemos afirmar que es una decisión inteligente? Es una decisión desesperada.

Si vemos todos los comunicados que ha dado el presidente, siempre existen mensajes ocultos, sutiles, de condescendencia y autoritarismo. El presidente nos habla como si fuéramos niños de cinco años, totalmente incapaces e ignorantes.

¿Quién puede dejar de ver las contradicciones del mensaje de Peña, cuando anunció que ya no habría gasolinazos? Y enfatizó: "Gracias a la reforma energética". Hoy dice que el aumento "no es por culpa de la reforma energética". Cuando bajaba antes el precio del petróleo, subía el precio de la gasolina. Y cuando sube, sucede lo mismo.

¿Creen que somos tontos? La respuesta es sí.

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El hombre como animal social (2016)

Si suprimimos nuestros prejuicios, complejos y máscaras, desnudándonos como especie, podremos entonces entender la construcción social que nos rodea. Ejercicio difícil en verdad, imposible emprenderlo solos. Necesitaremos de otro humano que nos apunte con el dedo y haga notar nuestras verdades, ya que a veces un espejo no es suficiente.

José Manuel León logra colocar este reflejo frente a la sociedad a través de sus pinturas, pero no se limita a copiarla: pone el dedo en la llaga. Lo logra con la herramienta más poderosa disponible para el hombre: la abstracción. Mediante ésta, cualquier tema, realidad y sentimiento deviene recursos pictóricos y el arte transforma el mensaje más directo en elocuencia.

Con fuerte carga post-surrealista, las figuras geométricas y los colores intensos representan a un hombre fragmentado, transformado en animal debido a sus partes faltantes. En “Personajes dialogando”, por ejemplo, un trío de seres incompletos son incapaces de comunicarse por culpa de aquello que carecen: Su incapacidad de comprender al otro. En “Todos contra todos I y II” esta incompletud se manifiesta en violencia, dominación.

El hábitat humano es ahora la sociedad, nuestra autopoiesis nos ha transformado en un animal político. Un animal con tradiciones que se abandonan y retoman, males que persisten evoluciones y revoluciones, esperanzas y compromisos. Momentos de gloria y bajeza, de genialidad y estupidez. Un animal contradictorio pero autoconsciente.

En este momento el artista y su arte pueden ayudar a despertar una introspección o detonar la metamorfosis. El artista observa su realidad, nutre con ella su obra, la transforma y reinterpreta. Echa la mirada dentro de sí, muy profundo. Habla de su reflejo a través de su obra. El arte más sublime trata, directa o indirectamente, del mismo artista, si éste tuvo el valor de otear su interior. Estos ejercicios logran el fin máximo de la obra de arte: construir un nuevo ser humano. Esta exposición es uno de tales intentos.

(Texto de sala para la exposición de pintura "El hombre como animal social" de José Manuel León, inaugurada el en Instituto de Cultura de Baja California en Tijuana).

2016-09-22 El hombre como animal social

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Dos presidentes, un mismo motivo

No debía ser sorpresa que Donald Trump ganara las elecciones de Estados Unidos. A pesar de eso, quedé sorprendido. Fui uno de los muchos que creyó las encuestas, reportajes y opiniones que circulaban en los medios. Todos le apostaban a Hillary Clinton. Ingenuamente pensé que una persona acusada de acoso sexual, con las declaraciones que cargaba a cuestas, no podría ganar en un país tan puritano. Me equivoqué a lo grande.

Sin embargo, puede entenderse tal victoria a través del miedo. No el miedo a Trump, el miedo al cambio. Trump representa ese dinosaurio que ha revivido para ver si logra poner orden en el aparente caos. Esta victoria es similar a la de Peña Nieto en el 2012, igual de vergonzosa y retrógrada. Claro, con matices diferentes, pero a final de cuentas ambos resultados son producto de países que quisieran tener una máquina del tiempo y regresar a épocas que les parecen mejores. Tal actitud es tan inmadura como la del adolescente que reprueba de año para no salir de la secundaria.

En México triunfó la democracia en el año 2000, posiblemente las únicas elecciones donde sabemos que el voto se respetó. Perdió el PRI, que mantuvo una hegemonía y control durante 70 años aproximadamente y llegó un partido a alternar en el poder: El PAN. Ingenuamente, los mexicanos pensamos que eso sería suficiente para que las cosas cambiaran. De cierta forma, si hubo cambios, pero no las grandes reformas y transformación nacional que muchos deseaban. Siguió la corrupción y la estupidez en las altas esferas de la política.

El siguiente presidente salió del mismo partido. Ya no está tan claro que haya llegado al poder por medios legítimos, y si hubo o no fraude en las urnas, lo que es seguro es que hubo apoyo ilegítimo de empresarios y otros grupos de poder. Inauguró una absurda guerra contra “las drogas” que desató la violencia. Se incrementó el número de asesinatos y las drogas seguían fluyendo igual que antes.

Ante este escenario, creo que el país reaccionó formulando una ecuación tramposa en su mente. Pensó que cuando reinaba el PRI había narcotráfico, si, pero no tanta violencia. Los narcos estaban tranquilitos y todo sereno. ¿Por qué cambiamos de partido? Antes las cosas funcionaban.

De una manera soñadora e irreal, muchos mexicanos pensaron que volver al viejo PRI sería volver a los años sesenta, cuando la economía del país estaba en mejor estado. Cuando no había tanto narcotráfico y la urbanización del país parecía ir en mejor camino.

Obviamente, casi todos los que votaron por Peña Nieto están arrepentidos, o deberían estarlo. La economía está en un pésimo estado, la libertad de expresión se redujo considerablemente y el autoritarismo ha vuelto con todo. Sin embargo, es obvio que las viejas estructuras del PRI ya no funcionan igual que antes. Televisa está en una grave crisis, afortunadamente. El presidente no puede tapar el sol con un dedo, y no controla la información como antes. De la misma forma, la opinión pública es sumamente negativa cuando dice algo autoritario. Seguramente sus asesores le han aconsejado ya no hablar así. Es más, algo más sencillo: ya no hablar. Que se limite a leer del teleprompter.

Por otra parte, tenemos a Estados Unidos. Un país que eligió al primer presidente afroamericano de su historia. Si bien esto no significó un cambio tan radical, fue un cambio a fin de cuentas. Hay muchas situaciones que son diferentes, que resquebrajan la idea tradicional de la familia, de la demografía, de la América blanca y tradicional.

Por una parte está el asunto del matrimonio igualitario, la exigencia de derechos de grupos minoritarios, la reducción de la población blanca del país, la exportación de empleos hacia otros lugares, los tratados internacionales de libre comercio, el cambio climático, y un largo, etcétera.

El cambio siempre da miedo, pero es una de esos fenómenos inevitables, por más que intentemos detenerlo. Las cosas siempre cambian, punto. Donald Trump logró paliar un poco ese miedo con su lema: “Make America great again”. ¡Volvamos al pasado! A ese tiempo donde todo era color de rosa, todo parecía funcionar bien y las cosas eran bonitas. Las elecciones fueron entre la primera presidenta y lo mismo de siempre.

Varias conclusiones son obvias para aquel que las piense un poco: Las cosas nunca fueron grandiosas para ninguno de los dos países. En México la libertad de expresión era inexistente, el machismo era mucho más acentuado que hoy (y hoy lo es mucho). Nuestra economía funcionaba porque proveíamos materia prima para guerras y el mundo no se había globalizado tanto todavía.

En Estados Unidos los grupos minoritarios eran ignorados o marginados. El racismo era invisible porque estaba en todas partes. Su economía también funcionaba mejor porque no había globalización, las corporaciones no lo controlaban todo todavía para los intereses de unos cuantos. No había tanta desigualdad.

Es ingenuo querer volver a “un tiempo mejor” regresando el reloj. Son patadas de ahogado de un niño que se rehúsa a crecer. Ambos elegimos a nuestros presidentes por el mismo motivo y pagaremos las consecuencias. Hay que construir un futuro, no un pasado.

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Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas (2013), de Leontxo García

Desde mi punto de vista, Leontxo García es una de las personalidades del ajedrez más carismáticas del mundo. Su amplia trayectoria abarca cuarenta años: Diez como jugador profesional y treinta como periodista del juego. Apareció en televisión, comentando jugadas famosas; ha publicado columnas para diarios españoles y reportea cientos de torneos alrededor del mundo. En este libro de 2013, retoma asuntos que ha discutido a lo largo de los años, especialmente los mezclar ajedrez y ciencia.

¿Qué más se puede decir de este juego que no se haya dicho antes? Increíblemente, el libro ofrece algunas novedades. Quisiera hacer una subjetiva reseña y destacar aspectos importantes. Advierto desde el principio que vale mucho la pena leerse.

El libro se divide en tres partes. La primera se titula "Los misterios del ajedrez" y se dedica a plantear preguntas que siguen sin resolverse. Por ejemplo, la discrepancia entre el juego de hombres y mujeres. Es decir, hay pocas jugadoras que lleguen a estar entre las mejores del mundo, ¿a qué se debe esto? La respuesta que propone Leontxo es cultural, sin embargo, no hay nada conclusivo. Los argumentos se presentan en extenso y es un buen punto de partida para investigar más.

Más interesante me resultó el capítulo dedicado al ajedrez y el antidopping. Como este juego ha intentado legitimarse como deporte en muchas partes del mundo, es lógico que se quieran aplicar las mismas convenciones para ser aceptado. La pregunta es: ¿hay drogas que incrementen el rendimiento de los ajedrecistas? Buena discusión.

La segunda parte de libro se llama "El ajedrez enseña a pensar" y discute los supuestos beneficios que se le atribuyen al noble juego. Mucho se ha hablado de que retrasa el Alzheimer, que desarrolla el intelecto y que ejercita la memoria. ¿Qué tan cierto es esto? Las pruebas, lamentablemente, tampoco son muy contundentes que digamos. Aún así, el autor presenta algunos argumentos a favor en base a su experiencia personal.

El capítulo más interesante para mi, fueron las incursiones del ajedrez en la cárcel. Leontxo ha participado en estas iniciativas y comparte sus vivencias:

«El ajedrez nos quita mucha cárcel», me dijo [un recluso], muy serio, en referencia a que cada hora invertida ante el tablero pasaba mucho más rápido que haciendo otra cosa, y además durante ese tiempo no pensaba en nada malo. Y su segunda sentencia fue magistral: «El ajedrez es especialmente bueno para nosotros, porque nos enseña a pensar en las consecuencias de lo que hacemos antes de hacerlo».

El autor también aborda la otra cara de la moneda: Ajedrecistas que terminaron sus vidas con severos desequilibrios mentales. Paul Morphy y Bobby Fischer son los casos más famosos. Aunque a veces el juego se asocia con trastornos mentales, en realidad han sido muy pocos los que terminan locos. El principal aporte de este libro son las experiencias personales que tuvo el autor con Bobby Fischer, quien desapareció de los torneos después de ganar el campeonato mundial. Poco se supo de él durante muchos años, a excepción de algunas apariciones públicas. El autor arroja algo de luz al asunto.

La última parte del libro tiene de nombre "Chips y neuronas, más de dos siglos en jaque" y se dedica a los recientes avances de la informática en la materia. Es la parte más extensa del libro y quizá la más fascinante para mi. Aunque, claro, quizá tenga que ver que soy ingeniero en sistemas computacionales. Lamentablemente, en esta tercera sección no hay aportes muy originales.

El autor inicia hablando de "El turco", una misteriosa máquina de ajedrez que aparentemente jugaba de manera excelente con una primitiva maquinaria. Después retoma la olvidada figura de Torres Quevedo, un inventor español que, entre sus muchos artefactos, se encontraba una maquinaria que lograba dar jaque mate al rey en un tablero con pocas piezas. Varios lo consideran el primer videojuego de la historia y data de 1912.

El resto de la sección es historia ya contada en otras partes. Los desarrollos de la informática, las partidas de Kasparov contra Deep Blue y la encrucijada en la que se encuentra hoy en día el juego. Aparentemente las computadoras son ya mejores que el ser humano, ¿qué resta por hacer? Leontxo sugiere modificar el juego, quizá tomar la iniciativa de Bobby Fischer con su Ajedrez 960, en donde el orden inicial de las piezas es aleatorio para evitar la memorización. Esto debido a que muchos de los grandes maestros actuales juegan hasta los primeros 25 movimientos de memoria. Consecuencia, sin duda, de los extensos análisis que se hicieron durante el siglo XX.

Aunque es sumamente interesante, tengo algunas quejas con respecto a este libro: Es muy desigual. Es decir, como se compone de artículos y escritos elaborados a lo largo de muchos años, no tienen un estilo ni formato uniforme. De pronto el libro tiene capítulos y secciones muy extensos y de pronto son sumamente breves. A veces es una narrativa histórica y en otras discurre en territorio más científico. Incluso incluye una muy extensa entrevista con Fernand Gobet, escéptico de los beneficios del ajedrez. En ella, ambos bandos se mantuvieron obstinados en sus posturas y más parecía una partida de ajedrez sin jaque mate, pero con clara ventaja para Gobet. En la tercera parte, la del ajedrez informático, se incluye también el listado completo de muchas partidas. Se siente extraño que se inserten estos listados después de que durante más de la mitad del libro no aparecen por ningún lado. Sin embargo, se entiende su importancia, ya que ilustran muy bien los puntos argumentados por el autor. También se echa de menos el uso de imágenes.

Por otra parte, es un compendio excelente de temas y asuntos relacionados con lo que afirma su título. Está escrito con un estilo ameno e interesante. Lo recomiendo ampliamente.

268 páginas
Editorial: Crítica (2013)
ISBN-10: 8498925525
ISBN-13: 978-8498925524

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Revolución de papel

Hace poco uno de mis estudiantes me pidió permiso para entregarme sus trabajos en máquina de escribir. La petición me pareció demasiado extraña, incluso para la facultad de artes, y le pregunté el motivo. Me respondió que su computadora es demasiado lenta y no podía trabajar en ella. Entendí y se lo permití. Recibo todo por correo electrónico, pero sus trabajos son los únicos que recibo en papel.

Algunos días después se le ocurrió llevar la máquina a la universidad. No vayan a pensar ustedes que era una portátil, ¡qué va! Era de escritorio y su caja parecía maleta para viaje corto. Dejemos de lado las implicaciones "hipsters" de todo esto y pongámonos a pensar.

Primero, una confesión: Me gustan mucho las máquinas de escribir y las romantizo un poco. Es bastante estúpido de mi parte hacerlo, ya que no tienen prácticamente ninguna ventaja hoy en día, además, francamente nunca me tocaron. Usé esporádicamente una máquina de escribir de mi hermana cuando quería aprender mecanografía, pero nunca para nada serio. Además, pesan demasiado y sólo sirven para escribir. Una laptop, con una fracción del peso y tamaño es capaz de una infinidad de tareas. Esto, por ejemplo, lo escribo con mi laptop en una biblioteca.

En las comparaciones no salen muy bien paradas: Las máquinas de escribir generalmente son ruidosas, es difícil corregir un texto con ellas, no generan copias de lo escrito y, en nuestros tiempos, tendremos que digitalizar el texto tarde o temprano. Así que son, sin lugar a dudas, una gran pérdida de tiempo.

Esto no me quita el gusto por ellas, y tengo una por ahí, arrumbada y descompuesta. La compré en un tianguis de Caléxico, y algunas letras se traban, por lo que nunca la he podido usar realmente. Ya perdí esa esperanza, pero me he rehusado a deshacerme de ella.

Hace ya tiempo publicaba yo en este blog sobre un invento que me parecía maravilloso: La máquina de escribir digital. La ahora llamada Freewrite de la compañía Astrohaus está a la venta por 500 dólares y promete lo imposible: Funcionar exactamente como una máquina de escribir pero de forma digital. Al principio estaba interesado en una, pero el precio y las reseñas me disuadieron de ello. Las laptops siguen ganando. Mi esperanza es que algún día una empresa copie la idea y fabrique un dispositivo más barato.

Freewrite

Por lo pronto, aunque la imagen romántica de teclear en una máquina de escribir me parece genial, es un poco absurda en mi vida por el momento.

A lo que voy con este incoherente rollo es que aquellas almas inclinadas por el arte de la escritura tendemos a romantizar tecnologías del pasado. Como partidario de los lectores electrónicos de libros como el Kindle, me topo todavía mucho con esto.

Hay lectores que defienden con filosas garras a los libros de papel cada vez que alguien menciona (¡horror!) los libros electrónicos. Es una defensa tan apasionada que me pongo a pensar muchas veces qué piensan que se está perdiendo.

Alegan, a veces, que les encanta el "olor" de los libros. Como si éstos fueran para olerse y no para leerse. Es más, un libro no es oloroso en virtud a la magnificencia de sus letras, lo es (como dice mi novia de olfato prodigioso) gracias a bacterias y hongos que ya crecieron en él, así que el prospecto no es demasiado llamativo. Pero, bueno, si a alguien le gusta el olor de los libros, definitivamente es algo que no encontrará en un Kindle.

Kindle Paperwhite

No soy ciego. Llevo seis años usando Kindle y estoy perfectamente consciente de sus frustrantes limitaciones. También estoy perfectamente dispuesto a admitirlas.

Para empezar, un dispositivo electrónico para leer caduca con frecuencia. Las primeras generaciones de Kindle son prácticamente inutilizables hoy en día debido a software obsoleto y nuevos formatos de libro. Yo le pisé por error la pantalla a mi Kindle viejito y tuve que comprarme una versión nueva que no tenía todas las opciones que yo quería. Amazon, en su eterna sabiduría, las quitó.

Por otra parte, hojear rápidamente un libro es una tarea exasperante en uno de estos lectores. Las pantallas son lentas y simple y sencillamente no lo permiten. Actualizaciones de software han intentado aliviar este problema, sin éxito. Uno no puede revender los libros electrónicos, no puede garabatearlos (aunque si puede subrayar y hacer notas de texto), y no puede prestarlos fácilmente. Además, uno se hace dependiente a una tecnología y plataforma de un solo fabricante: Amazon. Esto no es muy agradable tampoco, aunque ya existen alternativas libres en el mercado.

Supongo que nada le ganará a la longevidad y tangibilidad de un libro de papel, que puede ser heredado, extraviado y reencontrado, utilizado como vehículo de notas de amor y billetes, lanzado con furia o quemado con odio.

Es un fetiche que recorre nuestra literatura e imaginario. El librero repleto de libros olorosos, la biblioteca antigua con textos medievales, el librito de bolsillo con hojas amarillas y desgastadas.

Pero, si lo vemos sin romanticismos, la sociedad ya ha pasado varias veces por transiciones como ésta varias veces. La que viene a mi mente es cuando se dejaron atrás los rollos manuscritos para pasar al "codex" o códice en la edad media. Es decir, el formato de libro que usamos hasta hoy.

Rollo

Una de las grandes ventajas del códice es que tiene numeración de páginas, y la facilidad de acceder a todas ellas. Sin embargo, su fabricación requería más esfuerzo y trabajo debido al diseño editorial y el encuadernamiento.

Quizá estemos en transición y tengamos qué redefinir qué significa un "libro" como objeto. Quizá por ello hay un auge de los "libros de artista", quizá le digamos adiós a las páginas como contenedores de nuestra información.

Quizá el Kindle es solo el principio. Debo decir que veo las grandiosas ventajas de éste: Traer toda una biblioteca en tu bolsillo, exportar las notas de texto a formatos más manipulables, leer artículos largos de Internet en una pantalla cómoda, leer acostado sin batallar por el peso del libro y un largo etcétera. A pesar de las desventajas, creo que vale la pena lo suficiente.

Las ventajas no sólo son para los lectores, también para los editores y escritores, quienes nunca la tuvieron tan fácil para autoeditarse. La distribución se facilita, aunque el mercadeo se complica. ¿Será esto el inicio de un gran cambio en la industria editorial?

No lo sé, pero de la misma forma, puede que esta revolución nunca agarre vuelo. Las estadísticas dicen que las ventas de lectores electrónicos están a la baja, que los libros en este formato no son rentables y que las librerías de papel han tenido un repunte. Así que quién sabe. Quizá sea yo un aferrado que romantiza las viejas tecnologías pero no titubea en despreciarlas.

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Hacker poem v0.99b (2010)

Bit by bit
      I conclude
            the wonder
                  of being
                        a hermit
                              inside
                        my ideas

                        Byte by byte
                  they scavenge
            pieces
            I
      automagically
forgot

Word by word
      nodal
            sintax
                  emerges
                        until
                              futility
                                    dissapears

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El inoportuno plagio del presidente

Escribo esto a propósito de la tesis de Peña Nieto. El asunto me impacta particularmente, ya que en mis clases universitarias es algo que enfatizo muchísimo en mis estudiantes al grado de se llamado "obsesivo". Me molesta demasiado el plagio porque vivimos en un país donde el pensamiento original no se valora, no se premia y se desprecia. No se aprecia el escribir, no se toma importancia a las ideas e intentar apelar a la honestidad y la justicia se ve como ingenuidad.

Pero lo peor del caso es que, aparte de las reacciones de indignación, leo muchas otras que justifican o aminoran la situación. Algunos comparan el reportaje de Aristegui con acusarlo de que pintaba mal en el kínder. Estoy seguro de que la persona que hizo ese meme nunca ha hecho una tesis y, si la hizo, también plagió. Pero el mensaje va más allá: Copiar textos de otros no es la gran cosa, es "normal". Robar para pasar es el status quo.

"Meme" sobre Carmen Aristegui

Hace algunos años, cuando el entonces candidato Peña fue interrogado sobre los libros que le cambiaron la vida, pocos le dieron importancia a su respuesta. Se rieron, pensaron que no era relevante, que era poco importante que alguien que no lee nada en su vida haya "escrito" un libro. Mencioné yo en ese entonces que Peña Nieto sería un excelente presidente para nuestro país: Iletrado, ignorante, tranza. Si la democracia es la representación de las mayorías, el presidente aprendió la parte al dedazo... perdón, al dedillo.

Y sigue la mata dando: Hoy resulta que es un plagiador y, ¡oh, sorpresa! Los mexicanos al grito de guerra exclaman: "¿Y qué tiene?". Cuando me toca ver un caso de plagio en mi propia aula y empiezo a dar mis furiosos discursos, los estudiantes se me quedan viendo como si fuera de otro planeta: ¿Por qué tanto escándalo si todo mundo lo hace? ¿A quién estoy afectando?

Por algún motivo, la gente ríe de Peña cuando "la riega", se enoja cuando suben los impuestos y la gasolina pero minimizan cuando sale a relucir su ignorancia. Como si estos tres hechos estuviesen desconectados. EPN es un paquete completo: Ineptitud, corrupción e ignorancia. Una combinación explosiva cuyos efectos son tangibles todos los días, en cada mala decisión.

Pero la ignorancia también es ciega: uno no puede ver lo que no conoce. El presidente se disculpó hace poco por todo el asunto de la casa blanca de su esposa. Pero no se disculpó por la corrupción, solo por la "percepción". "Se ve mal", es su preocupación principal.

En la universidad de donde se tituló el presidente no hayan que hacer con la papa caliente que cayó en sus manos y soltaron un comunicado incomunicante para que no digan que no dicen.

Comunicado de la Universidad Panamericana

También se está acusando a sus sinodales y directores de tesis de no haberlo detectado. Quizá carguen parte de la responsabilidad, pero sin duda se trata de desviar la atención de lo importante, y del verdadero culpable intocable.

Profesores: Uno debe detectar el plagio a tiempo. Cuando presento este argumento en reuniones académicas a veces me dicen que no es para tanto. Pero vean el tremendo desmadre que puede causar una "inocentada" como robar. Vean lo que sucede en otros países donde si se aplica la ley: Los presidentes caen por un plagio en su vida de estudiantes. Esto es muy importante.

A estas alturas, los asesores y achichincles del presidente lo empiezan a tratar como si tuviera retraso mental. Hablan por él, asumen que no puede con el trabajo y le aplican una serie de reglas y justificaciones que no aplican a ningún otro mexicano. Dice el Secretario de Educación Pública que el asunto no es "trascendente o importante". Claro, respondió evasivamente y dejando en duda de qué lado está. Exactamente la actitud de que está queriendo evaluar a los maestros y acusándolos de flojos y corruptos, ¿cierto?

La presidencia ya dio su comunicado: "Por lo visto errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores que incluyó en la bibliografía son, dos décadas y media después, materia de interés periodístico". Este eufemismo, el decir "errores de estilo" es el mismo que "error de percepción" sobre la casa blanca. Una manera evasiva de llamarle a un delito.

Porque el plagio es un delito, ¿sabían eso, verdad? Muy bien tipificado por la ley. Pero para la presidencia son "errores de estilo". Hay que ser desvergonzado para afirmar tal cosa. No sé que haría yo si alguno de mis estudiantes me saliera con semejante tarugada.

Ya escribí hace poco que Peña es el presidente de las apariencias: Compró la portada del Time, compra libros, espectáculos, sesiones de fotos... Para que todo se vea bonito. Es un gastadero enorme y nunca funciona.

Pero volviendo al tema: ¿a quién plagió Peña? Entre varios, a Enrique Krauze, su historiador favorito, el gran defensor de Porfirio Díaz. Krauze fue otro de los mencionados entre los libros que le cambiaron la vida, aunque le adjudicó por error la autoría de un libro de Carlos Fuentes (La silla del águila).

Así como Krauze defiende a Porfirio Díaz, afirmando que la gente olvida que fue "un gran constructor", estoy seguro de que defenderá a nuestro actual presidente como "un gran reformador". Un caudillo valiente, nadando a contracorriente para civilizar a un pueblo obstinado a no cambiar. Alguien que no retrocede ante la crítica, un macho de verdad. Y blanquito.

Todo quedará en familia. El tema será olvidado por todos, poco a poco. Será la culpa de los profesores, que no guiaron al inocente de Enrique por el buen camino. Si hay alguna investigación (lo dudo), será exonerado con disculpas firmadas por el pueblo de México. Primero fue "Pierre Menard, autor del Quijote". Ahora es "Enrique Peña, autor de Enrique Krauze".

Los mexicanos tranquilos, se trata sólo de un copión más. Uno entre millones. Eso tranquiliza: Peña es como yo. Mientras pensemos así, tenemos exactamente el presidente que nos merecemos.

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Suicide Squad (2016)

Sinceramente siento que al género de superhéroes le sucederá lo mismo que al Western: se le terminará el vapor y quedará relegado a esporádicas reapariciones. Sólo hay cierta cantidad de variaciones que se pueden hacer de un género tan limitado. Pienso también que ese momento no está muy lejos de llegar, y aunque estas películas siguen siendo las más taquilleras, su originalidad y factura deja mucho que desear.

El último caso es el de Suicide Squad, que está cosechando pésimas reseñas y comentarios negativos del público. A pesar de ello, no la odié, aunque me enfadó a momentos. A diferencia de lo que indica su título, no me quise suicidar durante la proyección, como me ha sucedido con otras como Man of Steel (2013).

Con las malas reseñas de Batman v Superman: Dawn of justice (2016) el estudio decidió hacer control de daños con Suicide Squad y suavizar el tono solemne que originalmente tendría la cinta. Desde las películas de Batman de Christopher Nolan, parece que todos los estudios quieren sacar películas serias de superhéroes atormentados en mundos creíbles. La cosa no funciona así: la gente quiere buenas películas, no imitaciones baratas.

Pero esta última cinta, basada en el universo DC, hace exactamente eso: Intentar imitar lo que ha funcionado en otras partes e insertarlo incoherentemente. ¿Funcionó un soundtrack retro en Guardians of the Galaxy? ¡Salpiquemos la película con oldies! No importa que no tengan coherencia. ¿La gente se rió con Deadpool? ¡Metamos muchos chistes aunque no vengan al caso!

La trama es sencilla: Se quiere ensamblar un grupo de supervillanos como estrategia de defensa contra algo que nunca se explica. Es todo.

Quizá la versión original de esta película tenía más sentido, pero después de la intervención del estudio, la trama brinca para todas partes, el tono cambia cada cinco minutos y se siente como una serie de retazos incompletos. Visualmente es muy interesante, los personajes son llamativos y hay buenas escenas a lo largo de las dos horas que dura el filme. Pero no se siente como una sola cosa. Además, hay pocas ideas originales aquí.

Por ejemplo, hay una escena dentro de un casino donde el Joker amenaza a un tipo dentro de un cuarto. Eso no tiene nada que ver con nada, y no se vuelve a mencionar durante la película. ¿Por qué está esa escena ahí? No tengo la menor idea. Además, ese Joker es la peor versión que ha habido. No parece payaso, y no es muy amenazante que digamos. Tampoco le queda muy bien de loco, y simple y sencillamente es forma sin función.

De nueva cuenta cometieron el error de la de Batman v Superman, que fue introducir demasiados personajes en una sola película. La mayor parte de ellos no hace nada importante y sólo están ahí como un anuncio para películas posteriores. Sin congruencia ni nada. Se siente como un trailer para las siguientes cinco películas, y no como una historia en sí misma. Los mejores personajes fueron Harley Quinn y Deadshot, y si la película se hubiera enfocado sólo en ellos dos hubiera sido mucho mejor.

Aún así, tiene sus momentos, sobre todo una escena donde todos se encuentran en un bar. Aunque no es original, deja ver un poco lo que podría haber sido. Pero, repito, creo que el género de superhéroes poco a poco está quedándose sin vida.

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