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Desatados, por Antares Danza Contemporánea

El día de ayer se inauguró el festival de danza Espuma Cuántica en Ensenada. Este festival lleva realizándose durante ocho años y muestra grupos de danza contemporánea de diversos lugares del país. Es una oportunidad de empaparse y contagiarse un poco por los ritmos y contorsiones de todos estos bailarines.

La primera presentación estuvo a cargo del grupo Antares de Hermosillo. Sucedió en los patios de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales. La hora de inicio fue puntual, pero el lugar aparentemente no estuvo establecido de antemano por lo que el público se cambió varias veces de lugar, esperando el inicio del espectáctulo “Desatados”.

Los bailarines, vestidos con ropa “vintage”, danzaban y se entrelazaban. Música de mediados del siglo XX acompañaba sus movimientos, mientras ellos establecían un diálogo desordenado. La conversación pronto giró en torno a las relaciones amorosas y sus diversas posibilidades. Cada uno de los personajes mencionaba su postura: Relaciones tradicionales entre hombres y mujeres, relaciones homosexuales, poliamor, divorcios… Cada uno expresaba su punto de vista y muchas veces se encontraban en desacuerdo.

Lamentablemente las condiciones climáticas (viento), y lo abierto del lugar impidieron que el público escuchara claramente todos los diálogos. Aún así, la combinación de danza con diálogo y música resultó afortunada y mantuvo la atención de todos los presentes.

El espectáculo se desarrolló en tres locaciones, donde los bailarines se desempeñaban aproximadamente durante veinte minutos. La música cambió de géneros en varias ocasiones, provenía de diversos objetos portados por los mismos artistas como portafolios y bolsas de mano adaptadas con bocinas portátiles. Sus pasos de baile recordaban a veces musicales tradicionales, a veces bailes de rock and roll y otros estilos populares del siglo XX.

La intención de la representación dirigida por Miguel Mancillas es cuestionar los roles de las relaciones. El vestuario y las actitudes de los participantes reflejaban un pasado tradicional, pero los mismos personajes comenzaban a cambiar su forma de pensar y a exponer sus opiniones influenciando a los demás. Concluyen que, mientras no se dañe a terceros, cualquier relación puede funcionar y la sociedad debería respetarla.

La ejecución fue adecuada, la coreografía entretenida y los temas relevantes. En general, se trató de un buen inicio para este festival, y una presentación que agradó a todos los presentes.

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Los fantasmas de Los Globos

Los Globos son un conglomerado de tiendas de segunda mano en el corazón de Ensenada. En sus locales se encuentran ropa, discos, muebles, zapatos, juguetes, películas y electrodomésticos, entre muchas otras cosas inesperadas y sorprendentes. Casi todos éstos son productos desechados de California, basura que viene del otro lado y es vaciada en mesas para que cualquiera pueda esculcar. Confieso, el lugar me fascina y me doy varias vueltas a la semana.

Dentro de los pasillos de este centro comercial, aparte de los compradores, se pasean también los espectros de varias personas muertas. Indetectables, desapercibidos y la mayor parte de las veces, despreciados. Su existencia me desconcierta.

Ayer, por ejemplo, me encontré el diario de un niño. Las primeras páginas inician en 1995. Expresa con faltas de ortografía su emoción porque está próximo el campamento de verano. El cuaderno está lleno aproximadamente a un cuarto de su capacidad, y termina abruptamente en 1996.

¿Qué hace ese cuaderno entre todas las demás cosas? No tengo la menor idea. ¿Quién decidió deshacerse de él y cómo llegó a Los Globos? ¿Qué pasó con el pequeño Jimmy, el autor del diario, quien actualmente podría tener aproximadamente mi edad?

Encontré también un borrador de novela que alguien escribía a lápiz y se encuentra inconcluso. La libreta utilizada es bellísima. El título de la obra es "The blade I carry".

En otra mesa había también un álbum fotográfico de 2004. La mayor parte de las fotografías eran de la graduación de preparatoria de una muchacha de California, pero también aparecían cumpleaños, fiestas, viajes... Retratos y momentos diversos.

¿Quién decidió deshacerse de ellos? Nunca haría eso con mis álbumes fotográficos.

Una compañera de trabajo me dijo que quizá esas cosas están ahí por las "Estate Sales" de Estados Unidos. Estas ventas suceden cuando alguien necesita deshacerse de un gran número de items, como en el caso de mudanza, divorcio o muerte. Cualquiera puede llegar a la casa donde ocurre la venta y comprar cualquiera de las cosas que están ahí.

Muerte. Esto me sonó más plausible, porque a veces en las mesas hay ítems demasiado personales como para que un vivo los suelte. Mi novia y yo encontramos una vez unos diarios de una señora que quería ser escritora de cine. Su sueño era escribir un guión que fuera protagonizado por Tom Hanks. Pero debido a alguna enfermedad estaba deshabilitada y tenía una demanda pendiente contra una empresa farmacéutica. Mientras tanto batallaba para solventar incluso sus necesidades más básicas. Páginas y páginas estaban garabateadas con operaciones en dólares. Sumas y restas desesperadas intentando hacer rendir el dinero.

Incluso tenía un plan para decorar su nuevo departamento una vez ganada la demanda. Una lista de carteles de películas clásicas de Hollywood con las cuales decorarlo y sus precios. Curiosamente, quería poner un cartel de Psycho en su baño.

Todo eso y más supimos de la señora porque sus diarios estaban ahí, entre el resto de la basura. Y entre los diarios se encontraban sus fotografías.

Hay trofeos, placas conmemorativas, libretas con apuntes universitarios, cuadernos de dibujo con bocetos, diskettes con fotografías familiares, cartas amorosas y microcassetes con grabaciones de contestadora.

Una vez encontré una pequeña cinta donde una mujer quiso explicar una situación de dolor y desesperación a su pareja. La emoción no se lo permitió, las palabras la traicionaron y a los dos minutos detuvo la grabación sin poder articular más que algunos enunciados incoherentes.

Otra grabación era de alguien que fue a Perú a una convención de música folklórica y registró muchas de las canciones. Otras son de reuniones de trabajo o salones de clase.

¿Quiénes son todas estas personas? ¿Están todos muertos?

Cuando aparecen colecciones de libros en algún local, es fácil conocer a la persona a través de su biblioteca. Uno puede ver que uno de ellos era Coreano, o que era muy religioso, o que tenía algún problema de alcoholismo por los libros de los doce pasos y las doce tradiciones. Algunos quieren estudiar animación bidimensional y tienen libros al respecto junto con biografías de Walt Disney. Otros quieren ser escritores de novelas de vampiros, así que además de los libros con tips sobre cómo escribir novela está la colección completa de Anne Rice. Otros quieren escribir cine, otros simplemente tienen los libros típicos que no faltan en toda biblioteca gringa: Libros religiosos, cristianos y de Alcohólicos Anónimos. Éstos últimos normalmente cubiertos con algún forro que prohíba leer su portada, para no llamar demasiado la atención en el librero.

Algunas personas tienen interés por la programación de computadoras, otros por la plomería o la ciencia ficción. Sus bibliotecas los delatan, y todos sus libros son transportados tal cual hacia alguna mesa de Los Globos. La mayor parte de los curiosos ignoran este tipo de detalles y se van hacia lo útil, hacia lo pragmático. Pero supongo que soy un voyeur.

¿Por qué me fascina tanto? No lo entiendo bien. Siempre he sido muy metiche, pero coincidirán conmigo en que esta situación es inusual. Es como establecer un vínculo con los muertos, como fantasmas que llegan a Ensenada a vivir una segunda vida.

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Keith emerson (1944-2016)

Ayer murió Keith Emerson y no puedo quedarme callado. Su muerte se suma a otras que nos avisan poco a poco que el siglo XX se nos va para no volver. Él es mi tecladista favorito, lo conocí cuando tenía dieciséis años.

Recuerdo que mi amigo César Cárdenas me pasó unos MP3 de su banda Emerson, Lake and Palmer. Esto en la época cuando escuchar música en una computadora todavía era una novedad. Nunca antes escuché algo así: Era música que me retaba y me enfrentaba a sonidos extravagantes que casi me hacían ver imágenes.

Me obsesioné con la banda, y en especial con él. En ese entonces ya tomaba algunas lecciones de piano y teclado a las que no les prestaba mucha importancia. Avanzaba muy lento y me esforzaba poco. Pero cuando escuché tocar a Keith Emerson se me abrió la perspectiva musical y las posibilidades de ese instrumento.

Aunque ya había escuchado a Mozart, Beethoven y muchos de los compositores clásicos, Emerson me mostró que el rock también puede ser complejo y expresivo. Su forma de mezclar los sonidos y sus instrumentos de elección fueron una inspiración para mi.

Me enteré que golpeaba su órgano Hammond y le enterraba cuchillos en vivo. Que fue el primer tecladista de rock en utilizar el sintetizador Moog en una canción. Que podía tocar con el teclado al revés y que en una ocasión tocó en un piano que giraba en el aire.

¿Fueron excesivos todos estos recursos? Posiblemente, pero ¿a quién le importa? Además, adaptaba piezas clásicas al rock de una manera increíble. Por él me interesó la música contemporánea. Entendí también que un tecladista podía ser el líder de una banda de rock.

Empecé a practicar y medio toqué algunos fragmentos de sus canciones: Tarkus, Trilogy y hasta Benny the bouncer, por poner algunos ejemplos. Nunca he podido alcanzar su nivel, sobre todo por falta de decicación, pero lo poco que he tocado me ayudó muchísimo para aprender de música, composición, armonía. Es un rock sumamente complejo.

A esa edad, cuando era adolescente, era extraño cuando encontraba otros fans de la banda y eran mucho mayores a mi. Pero ellos también la conocieron a mi edad, y siempre platicaban conmigo algunas anécdotas de aquellos tiempos, cuando los escuchaban en discos de vinyl. Yo todavía conservo los discos que me compré en la prepa y los escucho de vez en cuando.

Lo que más lamento es nunca escucharlo en vivo. Pero, sin duda, un grande de la música se nos ha ido.

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Blim, o las patadas de ahogado de Televisa

Las redes sociales revientan con burlas al nuevo servicio de Televisa: Blim. Se trata de un competidor de Netflix. Al igual que éste, el nuevo servicio ofrece servicios de video por streaming. Me inscribí para ver qué tan bien o mal les salió, y el resultado es miserable.

Todas las burlas están justificados. Blim es un servicio mal diseñado, mal pulido, mal concebido y mal ejecutado. Es un desastre de principio a fin. No digo esto tanto para defender a Netflix, que también tiene sus aspectos criticables, pero Blim es definitivamente una vergüenza.

Cuando me inscribí, llegó a mi correo electrónico un mensaje escrito con las patas:

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Al acceder, la interfase del servicio tiene lo mínimo indispensable para ser usable. Divide el contenido en cuatro categorías bastante ambiguas: Series, Películas, Novelas y Programas. Las películas y las novelas son comprensibles, pero ¿cuál es la diferencia entre las series y los programas?

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El contenido es escasísimo y muchas de las ofertas son de risa. No hay ninguna coherencia en qué película aparece al lado de la otra y, para colmo, requiere Microsoft Silverlight para funcionar. Esto crea incompatibilidades con algunos sistemas. Netflix cambió su sistema a HTML5 hace un buen tiempo, lo cual garantiza compatibilidad con cualquier navegador o dispositivo.

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Esta página parece diseñada por estudiantes, como proyecto final para alguna materia de la universidad. El diseño es horroroso, la interfaz confusa, el rendimiento pobre, la tecnología antigua. Semeja un prototipo no terminado.

¿Por qué Televisa decidió liberar un servicio tan al vapor? Desesperación. Si confiamos en las noticias recientes, los tiempos no son buenos para el gigante de los medios. Mientras insistían en mantener un sistema obsoleto y contenidos mediocres, otras opciones le han ganado parte del pastel. Principalmente Netflix, pero básicamente todos los contenidos digitales le roban público.

Los viejos métodos autoritarios, que tanto le sirvieron en el pasado, no son compatibles con Internet y la forma de pensar de las nuevas generaciones. Con esto no quiero dar a entender que deposito mi confianza en los Milennials. Sólo que tienen otra forma de entretenerse: Redes sociales, contenidos en línea, Youtubers, etc.

Televisa poco a poco se ha dado cuenta que el Internet no se irá a ninguna parte, y que deben reaccionar. Han intentado de todo: Revivir a Adal Ramones, traer de vuelta a Big Brother, sacar a Chabelo del aire, reestructurar toda su programación y ahora esto.

Todas han sido medidas vergonzosas. Pero piensen: Hay películas de Capulina, la Chilindrina y La risa en vacaciones en Blim. ¿A quién va dirigido esto? ¿A quién le interesan tales cintas? ¿Conocen las nuevas generaciones a tales fósiles?

Por supuesto, el servicio apenas inicia. Es posible que la empresa detecte sus puntos débiles y los corrija en el futuro cercano. Además, leí que planean retirar su contenido de Netflix para obligar a las personas a suscribirse a Blim.

Por mi parte, espero con toda mi alma que Televisa no logre adaptarse al cambio, y desaparezca de una vez por todas. El verdadero problema es que no queda algo mucho mejor para reemplazarla y debemos preguntarnos si Werevertomorro es mejor que Adal Ramones.

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Deadpool (2016)

Deadpool es una película que durante dos horas intentó hacerme reír, pero sólo logró insultarme. Alguna sonrisita se escapó de mis labios en algún momento, pero realmente tuve que esforzarme. No estaba anticipando la película ya que nunca escuché antes de este personaje. Después de todo el hype, la publicidad y las menciones en redes sociales, seguía sin tener ninguna expectativa acerca de él.

Fuimos a verla mi novia y yo, y salimos profundamente decepcionados. Oh, well...

Pero, ¿qué es mi insignificante vocecita en contra de los millones de dólares recaudados y los récords rotos por esta cinta? No mucho, lo sé. Aún así, quisiera plasmar en mi humilde espacio lo que pienso de esta porquería.

Creo que la fórmula de los superhéroes en el cine se agotó la década pasada. Si, de por sí, no es muy original, cuando la repites una y otra vez harta. Hemos atestiguado en la pantalla grande un desfile de gente disfrazada luchando contra villanos y alardeando superpoderes.

¿No fue ya suficiente? El público dice que no. Siguen abarrotando las salas, siguen esperando ansiosamente la quinta secuela, o el nuevo reboot, o el reboot del reboot.

Pero algún día terminará, como tantos géneros en el pasado han quedado olvidados. ¿A dónde se fueron los westerns? Un día se terminaron. ¿El film-noir? Muerto, salvo contadas excepciones. Quedan como piezas de museo que de cuando en cuando resucitan gracias a algún director nostálgico.

Deadpool es la misma fórmula gastada de siempre. Es la misma película, exactamente la misma, que todas las demás de superhéroes. Trata de una persona común que forma parte de un experimento en el cual obtiene poderes. Decide vengarse de los que le hicieron aquello, y los villanos secuestran a su novia, a la que tiene que rescatar. ¿Les cuento el final o ya se lo imaginaron?

Este tipo de tramas, perdón que lo diga, son para niños. Siempre lo han sido. Películas recientes han intentado maquillar este hecho añadiendo más violencia, sexo o incluso filosofía, pero el trasfondo es ridículo. Piénsenlo:

  • Matan a los padres de un niño millonario y decide disfrazarse de murciélago para combatir el crimen.
  • Un extraterrestre llega a la tierra después de que explota su planeta, y obtiene poderes que utiliza para el bien.
  • Un joven es mordido por una araña radioactiva y obtiene poderes que utiliza para luchar contra el villano en turno.
  • Y un largo etcétera.

No digo que no haya disfrutado muchas de estas películas. Hay algunas que me parecen bastante buenas, pero la fórmula ha sido explotada hasta el asco. Cada vez me llaman menos la atención.

Deadpool intenta "innovar" al ser una película muy violenta, con mucho sexo y violencia. Esto, en sí, no me desagrada. Lo molesto es que añade estos elementos gratuitamente. El trasfondo sigue siendo la misma historia infantil de siempre. Todo esto ya lo hemos visto antes, pero el libreto asume que nacimos ayer.

Para ejemplificar un poco lo que me molestó del filme, tomemos como ejemplo la vecina de Deadpool. Es una señora de la tercera edad, negra y ciega. Eso es gracioso, ¿verdad? Supongo que sí, ya que cada diálogo que se refiere a ella tiene la palabra "ciega" de manera peyorativa.

Por otra parte, el libreto parece ensamblado por veinte personas diferentes y reescrito cincuenta veces. Las secuencias son inconexas y los personajes increíbles, sin ningún cambio en su personalidad.

Podría decir mil cosas más sobre la película, pero la vida es muy corta. En resumen, me pareció un insulto a mi inteligencia y una pérdida de mi tiempo. Sentí lo mismo, que al ver la infame Green Lantern (2011), que todo mundo odia. Si pudiera recomendar alguna película que parodia, y bien, el género de superhéroes, es Super (2010), un filme que me parece una buena tragicomedia.

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Ángel

Estoy muy feliz porque me publicaron un cuento en la revista norteña "El Septentrión", editada por Asael Arroyo. Es un cuento que escribí en el 2013 y estuvo enlatado mucho tiempo. Pero por fin sale a la luz del día. El título es "Ángel". Hagan click en este link para leerlo.

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Nortel

El día de ayer se suicidó otro empleado de la empresa. Eso es algo más bien común, pero ahora el suicidio ocurrió dentro de las oficinas divisionales. Juan Carlos del departamento de un lado saltó desde el quinto piso, justo desde la ventana de su oficina. En cuatro punto cinco segundos se estampó en los jardines de abajo, destrozándose una pierna al golpear una de las estatuas. El resto del cuerpo parecía una sandía que cayó desde la misma altura. Nunca lo conocí. Parecía un tipo serio y bastante callado.

 Mientras sucedía lo anterior, visitantes externos disfrutaban de un tour por las instalaciones. Les explicaban las bondades de nuestra infraestructura de telecomunicaciones. Explicaban que gracias a nuestra tecnología de punta somos la empresa líder de América Latina en cuanto a telefonía e Internet se refiere. Estos paseos iniciaron hace cuatro meses para limpiar el nombre de la empresa y demostrar a la opinión pública que los veintitrés suicidios anteriores son una serie de lamentables coincidencias. Cuando al guía le llegó la noticia de nuestro último muertito, llevó a los visitantes por una ruta alterna. Los sacó por una de las puertas traseras para que no presenciaran el lamentable y asqueroso espectáculo. De todas formas ellos se enterarían pronto por las noticias.

 Durante los dos últimos años los suicidios han sido variopintos: Ahorcados, venas cortadas, choques automovilísticos, balazos en la cabeza, sobredosis de tranquilizantes, asfixiados por gases de automóvil y varios más. Son tantos los suicidas que los métodos ya se han repetido más de una vez. El más espectacular se apuñaló en el estómago en plena junta con los directivos.

 Mi esposa comienza a preocuparse. He notado que pone los medicamentos bajo llave. Cambia los cuchillos de lugar. A veces veo sus ojos temerosos. Es verdad que me encuentro muy estresado. Cualquier día de estos podrían mandarme a otra ciudad, o cambiarme de puesto. También han recortado personal y el panorama no luce brillante en esta economía. Aún así, lo último que pensaría es en el suicidio. Intento tranquilizarla, pero para la opinión pública el suicidio es una enfermedad contagiosa que ya es epidemia dentro de nuestro edificio.

 —¿Qué diablos sucede en Nortel, Dieguito? —me dijo casualmente en la cama una noche. Realmente quería una respuesta.

 —¿A qué te refieres? —me hice el tonto.

 —¿Qué más va a ser? Los suicidios.

 —Ah... La verdad no lo sé. Creo que no pasa nada diferente a lo que podrías esperar de una empresa así de grande. Mucha explotación, gente infeliz. Muchas decisiones estresantes, muchos cambios... Pero no sé, no es para tanto. Los que se suicidan son normalmente gente que está más arriba en la cadena alimenticia. Para nosotros es un empleo normal.

 —¿Seguro?

 Pensé durante un par de segundos.

 —Creo que sí —mentí.

 —Pues tú sabrás. Cualquier cosa me dices. Buenas noches.

 Se volteó y se durmió, jalando más de la mitad de las cobijas.

* * *

 Hoy, el gerente de la división de telecomunicaciones del corporativo Solim concedió una entrevista en un noticiero matutino. Inició una gira mediática para explicar los problemas internos de los empleados y cómo resolverlos. Lo transmitieron en todas las pantallas del edificio y nos "invitaron cordialmente" que lo viéramos. Esas eran las palabras clave que indicaban algo obligatorio.

 El gerente, el ingeniero David Lombardo apareció impecablemente vestido frente a las cámaras. Su maquillaje le quitó las tétricas ojeras de enterrador que lo caracterizaban.

 —Buenos días, Javier —sonrió al conductor del noticiero, con un mapamundi azul de fondo.

 —El país está conmocionado por lo que sucede en Nortel de México. Veinticuatro suicidios tan solo en los dos últimos años. Dos dentro del edificio matriz de la empresa —el conductor del programa dejó caer la hoja en su escritorio y se quitó los lentes—. ¿Qué sucede en Nortel, ingeniero Lombardo?

 —Mira, Javier. Los empleados de Nortel son nuestra prioridad. En estos momentos se realiza una investigación a fondo para dar con la raíz del problema. Sin embargo, quisiera decirle a nuestros trabajadores y a sus familias que a partir de este momento estamos implementando un programa de manejo de estrés y un cambio radical en nuestras políticas laborales. De esta forma, podremos garantizar que los empleados estén relajados y tranquilos con su lugar de trabajo.

 Escuché un bufido de incredulidad y cinismo de Alondra, que estaba de pie a un lado de mi.

 —Eso suena muy bien —continuó el reportero—, pero la pregunta es: ¿Por qué esperar dos años para implementarlo? Además, estudios independientes advertían que las últimas decisiones tomadas por la empresa afectarían gravemente a los empleados y el clima laboral. Recordemos el reporte de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo, que afirmaba que el plan era reducir el número de empleados. Según ellos, era la única explicación para crear un ambiente tan hostil y decisiones tan radicales para los trabajadores.

 Observé que más de uno de mis compañeros temblaba visiblemente y observaba la pantalla con ojos húmedos. Otros con ira, apretando los puños.

 —Eso es ridículo —respondió David alterándose un poco.

 —Un momento… —dijo el reportero, intentando continuar.

 —¡Es ridículo! —interrumpió el ingeniero.

 —Sólo quiero leer algunas cifras que se me han proporcionado. En los dos últimos años, junto con los suicidios, han aumentado las reubicaciones arbitrarias de empleados, las horas extra, las reuniones, las amenazas de cierre de sucursales… ¿Y que me dice del memorándum que se filtró hace unos meses? En él, usted afirmó que "eliminaría cinco mil empleados de la empresa, de una forma u otra". ¿No está Nortel empleando técnicas de terror para intimidar a sus empleados?

 El ingeniero bufó.

 —Como dije, nuestros trabajadores son prioridad. Lo que sucede es que en este país hay una cultura de la imitación. Cuando una cosa sucede en un sitio otros corren a imitarla. Desgraciadamente la gente se dedica a imitar lo peor de una sociedad. Si tu la pasaras mal en tu trabajo, Javier, ¿te suicidarías? Te garantizo que no. Espero que no suene demasiado frío lo que estoy a punto de decir, pero podría llamarlo incluso una moda dentro de nuestra empresa, si se me permite la expresión. Esto no durará. Quizá nuestro error sea no seleccionar bien a nuestros empleados. Debemos tener más rigurosos métodos de contratación y filtrado. En eso puedo coincidir con los críticos. Te aseguro que mientras hablamos ya se está trabajando en ello.

 El conductor quería interrumpir el discurso, pero el ingeniero se anticipó a lo que diría y no lo permitió.

 —Yo meto las manos al fuego por cualquiera de nuestros trabajadores, no me malinterpretes. Pero es difícil pensar que las personas que han cometido este acto de cobardía no pensaran en ello desde antes de trabajar para nosotros. Si revisas su historial, ya tienen antecedentes —el ingeniero volteó a la cámara con mirada sumamente grave—. Hacemos lo posible por que todos tengan un buen ambiente laboral, aún así redoblamos nuestros esfuerzos. Somos una empresa socialmente responsable. Quiero recordar a nuestros accionistas que cada trimestre ha sido más rentable que el anterior desde hace diez años y a nuestros clientes que nuestro servicio de telefonía e Internet es el mejor del país. Sabemos lo que hacemos. ¿Ya escuchaste de los últimos beneficios para nuestros clientes? Ahora podrán acceder gratis a Facebook, tengan saldo en su teléfono o no. ¿Quién puede estar en contra de eso?

 —Muy bien. Ingeniero David Lombardo, gerente general de Nortel de México, gracias por esta entrevista. Por desgracia el tiempo se nos ha agotado. Mientras tanto seguimos a la espera de los prometidos cambios. A continuación Mario Enríquez con los deportes.

* * *

 Para mí, un día normal de trabajo consistía en contestar cientos de llamadas desesperadas pidiendo ayuda sobre algún problema sobre tecnología. Unas personas tenían problemas con sus computadoras, otras con sus celulares y otras estaban tan aburridas en sus casas que marcaban sólo para tener alguien con quién platicar. Si me monitorearan constantemente conversaría con ellos. Mi estado normal en el trabajo es el de aburrimiento extremo. Ruego por que suceda algo medianamente interesante.

 Varios días después de la entrevista telefónica se cumplieron mis deseos. Escuché conmoción. Nos avisaron que la policía entró al edificio de la empresa. Al principio pensamos que se trataba de investigaciones sobre los suicidios, así que no interrumpimos labores. Lo que nos importaba era no ser despedidos.

 Pero nunca esperamos ver al ingeniero Lombardo pasar zumbando en caída libre por la ventana de nuestra oficina. Así sin más: Cayó gritando, como una plomada desde su oficina ubicada en el último piso. Como era de suponerse también se embarró al llegar al suelo, la gravedad no hace distinciones de clase. En esta ocasión arriba de un automóvil que se encontraba en el estacionamiento.

 Todos los empleados del ala este del edificio se levantaron como activados por un resorte. Nos lanzamos a las ventanas para observar el espectáculo que se desarrollaba debajo.

 —¿Que pasó? —me preguntó Alondra, como si yo tuviera la respuesta. Los dos observábamos el suelo distante donde aterrizó el gerente de la empresa. Las personas parecían hormigas buscando su hormiguero destrozado.

 —Por favor, continúen trabajando —dijo la jefa de departamento—. Tenemos algunos problemas pero no podemos detener el servicio. No es nada grave Debemos mantener nuestro récord de telecomunicaciones sin interrupción. Regresen a sus computadoras. Todo se les informará en el boletín de comunicación interna.

 Aunque intentaba tranquilizarnos, noté que estaba tan consternada como nosotros. Discretamente se asomaba de vez en cuando por la ventana para ver qué sucedía. Su ignorancia era exactamente igual a la nuestra. Alguien susurró:
 —¿Quién diría que nuestro gerente seguía las modas?

 El humor de ese comentario fue tan negro que se me arrugó el rostro. Alberto, otro de mis compañeros se me acercó consternado y me susurró en voz baja:

 —¿Crees que por esto nos despidan? ¿Crees que hagan otro recorte?

 —¿Yo qué sé? Estoy igual que tú.

 La tensión se percibía en todas partes, por los cables de red, en las llamadas por teléfono, en las microondas de nuestras antenas. El último grito de la moda de Nortel cimbró al país.

* * *

 Cuando llegué a casa me enteré del resto: La visita policiaca era para arrestar al ingeniero David Lombardo por poner en peligro la vida de los empleados de Nortel. Además, iniciaron una investigación por fraude y desvío de fondos. Según los reportes oficiales, el ingeniero forcejeó e incluso sacó un arma de fuego. Al verse rebasado en número se lanzó por una de las ventanas abiertas del décimo piso.

 Lo único diferente a los otros suicidios fue que a los empleados se nos descontó una parte del sueldo para cubrir los gastos funerarios.

 Las renuncias masivas se dejaron venir por todas partes. Cada día que llegaba encontraba una persona menos o un compañero nuevo. El promedio de edad de la empresa cayó drásticamente. Los huecos se llenaron con jóvenes novatos, con muchas ganas de trabajar pero con poca experiencia. Ascendieron a mi jefa y me ofrecieron su vacante.
 —Diego, desde hace diez años trabajas para esta empresa —me dijo Roberto, el jefe de la división de servicio al cliente—. Has crecido con nosotros, te consideramos parte vital del desarrollo de Nortel. Ahora serás el jefe de Atención Remota a Clientes. ¿Qué te parece?

 Me quedé viéndolo en silencio. Era increíble que la tortilla se hubiera volteado. Ahora sabía que él me necesitaba. Incluso él temía por su trabajo. Todo mundo abandonaba al Titanic y él me pedía que me quedara a tocar el violín.

 —¿Ya encontraron empleados que no sean suicidas? —le dije. Se quitó la fachada.

 —Mira, Diego, tú y yo sabemos las cosas están de la chingada en estos momentos. Todo mundo corre como gallina sin cabeza. Te recomiendo que aceptes este trabajo, por favor. Yo sé lo que te digo. Ya que se calmen las aguas verás que fue la mejor decisión. Ni yo la tengo fácil. Debemos aguantar. Siempre te tendré en mente para cualquier otra oportunidad que se presente. Confía en mi. Esta empresa es enorme, no desaparecerá de la noche a la mañana. Nadie la puede comprar y todo mundo la necesita. No te preocupes, no se irá a ninguna parte. ¿Qué me dices?

 Sus manos temblaban. Su transpiración era evidente. Casi me suplicaba. Creo que su rostro decía: "Ninguno de estos jovencitos tiene la menor idea de lo que está haciendo. Tú eres uno de los pocos que tiene experiencia, no ha renunciado ni se ha suicidado. Te necesito".

 —Muchas gracias por considerarme —respondí—. ¿Cuando empiezo?

 Roberto sonrió y exhaló aliviado.

 —¡Ahora mismo! Déjame llevarte a tu nueva oficina.

 ¿Por qué siempre me gusta quedarme a ver el desenlace de las tragedias?

* * *

 Angélica me convenció de no ir al trabajo hoy. Me dijo, con mucha razón, que con las nuevas políticas antiestrés en la oficina llegó mucho más tenso a la casa. Me recomendó que me reportara enfermo, lo cual no funcionaría sin evidencia, así que mejor usé una de mis faltas por motivos personales. Nunca las necesité, pero veo que cada vez más seguido mis compañeros recurren a ellas.

 El rendimiento de la empresa se vino abajo. El servicio de telefonía constantemente experimentaba averías, por lo que las llamadas pidiendo ayuda aumentaron considerablemente. Los nuevos empleados eran unos estúpidos y no resolvían los problemas eficientemente. Las líneas estaban siempre ocupadas. Nadie quería trabajar para nosotros, por lo que no había mucho de dónde escoger. Todo esto se reflejó en las ganancias del trimestre.

 Aún así, decidí tomarme las cosas con calma. Decidí que no me importaría tanto. El cinismo era la política más adecuada ante estas situaciones. Por ello pude disfrutar de un delicioso desayuno junto a mi esposa. Dejamos al niño en la escuela e hicimos el amor. Todo el día jugué con el niño cuando regresó. En la noche, en la cama mientras veíamos televisión, recibí una llamada telefónica. Era el jefe de recursos humanos. Roberto se suicidó ese mismo día.
 —¿Cómo fue? —pregunté yo.

 —Un balazo en la boca.

 —Lo siento mucho.

 —Si, lamentable. Pero nos quedamos sin jefe de división. Él siempre habló muy bien de ti. ¿Estás interesado en el puesto?

 —Por supuesto.

 —Perfecto. No sé por qué faltaste hoy, ni me interesa. Mañana te cambiamos de oficina.

 Colgamos y cada uno volvió a su rutina. Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Mi mujer la notó.

 —¿Qué pasa, mi amor?

 —Nada —dije mientras sostenía el control remoto para cambiar al canal—. Es solo que me agradan las personas que siempre cumplen su palabra.

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La pluma fuente

Fui un regalo de felicitación. Desperté cuando mi nuevo dueño abrió mi estuche y me presumió ante todos los presentes. “Muchas gracias, Doctor Salinas”, respondió con una gran sonrisa al que me obsequió. Me imaginé con un destino brillante. Las plumas fuente somos obsequios para novelistas, abogados o personas muy propensas a escribir. Prometí ser de toda la utilidad posible.

Pero mi dueño casi nunca escribe. Me mantiene de cabeza sobre la hoja en blanco, desprotegida y a la expectativa. Choco con el papel mientras piensa. Con cada golpe dejo un pequeño punto negro de tinta china. Es una lástima, pues las hojas son membretadas. La mano que me sostiene es indecisa, la otra se soba la barbilla en actitud meditabunda, observando por la ventana con mirada ausente. A la semana comprendí que tuve una suerte mediocre.

Soy sólo una simple pluma fuente. Quiero funcionar, quiero servir, quiero que escriban conmigo. No pido mucho. Los bolígrafos terminan en un bote de basura cuando se vacían. Yo aspiro a algo más: Perdurar, que lo que escriba se siga leyendo durante siglos. Que sirva a otros. Me gustaría firmar algún documento importante.

Por eso me emocioné el primer día que sentí que mi dueño, un hombre de aspecto elegante, me utilizaría por primera vez. Sacó un pequeño frasco con tinta negra de un cajón de su escritorio. No revisé bien en la etiqueta, pero era tinta barata. Me decepcioné, pero conjeturé que al principio solo querría probarme. Decidí dar lo mejor de mí para que sintiera que valgo la pena. Seguramente compraría tinta cara después. Me desarmó para rellenarme. ¡Qué emoción! Abrió el frasco de tinta. Se quedó inmóvil unos minutos y luego levantó mis piezas de nuevo. Me observaba desde todos los ángulos. Intentó armarme de nuevo y fracasó en el intento. ¿Qué sucedía? Quedé en pedazos en su escritorio. Se asomó a la entrada y al parecer habló con su secretaria. Ella entró y me examinó. Ambos platicaban con rostros de duda. La triste realidad fue clara para mi: Ninguno de los dos sabía cómo utilizarme. ¿Por qué no me regalaron a un músico para que escriba la partitura de su nuevo concierto de piano? ¿Por qué no fui propiedad de algún novelista famoso? Aunque sea de algún caricaturista político.

—Disculpe, señor presidente —dijo ella—, mañana mismo le investigo cómo se utiliza.

¿Por qué me tocó ser la pluma de Enrique Peña Nieto?

* * *

Ahora estoy boca abajo, esperando todavía a que mi dueño me utilice por primera vez. Llevo meses esperando, pero el tipo simple y sencillamente no escribe nada. Escuché que debía elaborar un discurso y emocioné mi ya decaído ánimo. Ahora estoy aquí, rogando que alguna idea salga de su cabeza para plasmarla en papel. Mientras, su mirada poco inteligente se va hacia la ventana. La decepción es mi pan de cada día. Su secretaria aprendió cómo rellenarme de tinta. Ahora esa tarea es de ella. Me pone en el bolsillo de su camisa y yo me aferro con mi único brazo. En cada reunión, me presume: El decorado, el exterior y lo bien que escribe conmigo. ¡Bah! Si los demás supieran que no escribe nada. Ni siquiera en computadora.

Después de una hora de estar frente a la hoja en blanco, parece que por fin se da por vencido como siempre. Me pone la tapa y me coloca otra vez en el bolsillo: Otro día sin ser estrenada. Le dice a la secretaria que elabore el discurso por él. Le da cinco puntos que deben estar incluidos. Con esto se va a hacer lo mismo de todos los días: Nada que requiera esfuerzo.

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Estuve presente, por supuesto, en el discurso. Era un día frío. Se trataba de un compromiso público que el presidente firmaría para realizar varias investigaciones. Primero, sobre la desaparición de 43 estudiantes normalistas. Segundo, sobre la procedencia de una mansión de su esposa, quien se encontraba de compras en Palm Springs. Tercero, sobre corrupción en el caso de construcción de un ferrocarril. Cuarto, sobre el derribamiento de un helicóptero del ejército con una bazooka. Quinto, la erradicación de la corrupción. El presidente mencionó que no debíamos detenernos tanto tiempo en estos temas, y que tales discusiones podrían empañar el progreso del país. Que debíamos ver hacia adelante, hasta un futuro glorioso.

Aparecieron algunas rechiflas, pero en general hubo muchos aplausos. Alguien gritó: “¡Peña asesino!” y lo escoltaron fuera los elementos de seguridad. Me sorprendió que mi dueño pudo leer el discurso de principio a fin. Sobre todo, porque tenía algunas palabras difíciles para él como “dicotomía” o “transversalmente”. Pero salió bien librado de esa batalla.

Lo siguiente de la ceremonia era la firma el compromiso. En una mesa larga se encontraba el papel que firmarían. Los camarógrafos apuntaban hacia el lugar, listos para capturar el momento histórico. El presidente se acercó, se llevó la mano a su bolsillo. ¿Sería posible? ¿Me estrenaría? No podía creerlo. Intenté calmar mis nervios. Seguramente es una falsa alarma: Se acomodará la corbata o algo así. ¡Pero no! Me tomó a mí, fui elegida para firmar el documento. ¡Mi primer uso real! Casi brincaba del gusto.

Pero un pensamiento llegó a mi cabeza. No podía quedarme tan tranquila, no podía olvidar todo lo que pasó, todo lo que me ignoró, todo lo que me hizo esperar y desesperar. Las decepciones, el maltrato... Me sentía inútil. No me conformaría con migajas, ¡eso no se quedaría así!

Quizá ya escucharon en las noticias qué sucedió después. Los encabezados de los periódicos: “El presidente Peña Nieto no sabe utilizar una pluma fuente”. Si, decidí vaciar mares de tinta en el documento. Los fotógrafos no se daban abasto tomando fotografías de cada expresión facial del presidente, obteniendo algunas tomas francamente graciosas. Según escuché, en Internet la gente se dio vuelo. La verdad es que me lucí, hasta la mano le manché. Mojé el mantel, parte de su pantalón... Mi dueño no sabía ni en qué limpiarse.

Sufrí las consecuencias de ofender al presidente. Al llegar a su casa, se cambió de traje y se limpió las manos meticulosamente. Se sentó en su sillón. Contempló las llamas de la pequeña fogata en su chimenea. Luego me observó a mí. Las plumas fuentes existimos para escribir, no como adorno. El presidente me arrojó a la fogata. Desde dentro de la chimenea, observé su rostro frío e impersonal mientras me consumía en el fuego.

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Destroying street art for dummies

Vean esta orgullosa selfie. Son jóvenes de un grupo llamado Rotaract Cimarrón, en Mexicali. Entusiastas buscadores del cambio social. Se les ocurrió imitar una iniciativa viral de proveer abrigo a personas necesitadas. La intención fue buena, pero la ejecución atroz.

Decidieron hacerlo en el edificio abandonado de un antiguo McDonald's, cerca de la Plaza Cachanilla. La dinámica es sencilla: Si tienes un abrigo que ya no necesitas, puedes ir a colgarlo en un improvisado perchero que instalan ahí. Si no tienes un abrigo, vas y lo tomas.

Para que el lugar saliera más atractivo para las selfies, decidieron destruir un insignificante rayadero que estaba en la pared. Se trataba de obras de estudiantes de muralismo en un intento por darle un poco de vida al triste panorama urbano de Mexicali. Los jóvenes decidieron que no era lo suficientemente importante como para salir en la selfie.

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Así que tomaron sus rodillos y hacendosamente pusieron manos a la obra con entusiasmo. El perchero no pudo estar en alguna pared sin imágenes, tuvo que ser específicamente ahí. Con una total falta de consideración por el trabajo de otros, y con una ignorancia desbordante, procedieron a pintar encima.

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¡Quedó rebonito!

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Imaginen que cortan un rectángulo de una página de algún libro ilustrado. La estética sería similar. Parafraseando a Casablanca: De todos los muros, de todos los edificios abandonados de toda la ciudad, eligen ese.

Me enojé bastante cuando me enteré de esta noticia. Siempre es indignante cuando gente es desconsiderada por el arte y el trabajo en general. Pero mi nivel de ira se ha incrementado ahora que veo la reacción de la gente.

Muchos Mexicalenses han reaccionando con respuestas predecibles: “Nomás es arte”, “al cabo que nadie conocía al artista”, “parece vandalismo, cualquiera lo confundiría con graffiti”, "¿qué tiene si fue por una buena causa?", "la gente nomás se quiere quejar", “se ve mejor así”, etc. Esa actividad se puede hacer de nuevo, se puede cambiar de lugar. En cambio ese "insignificante" mural que "afea la ciudad" ya se perdió para siempre.

¿Creen que me dan ganas de dejarlo pasar? Quizá soy uno de esos "que no hace nada", como muchos dijeron en las redes sociales. Aclarando el que se refieren al "hacer algo" mexicalense, que no implica nada de arte. Por que el arte no cuenta, no es "hacer algo" por la ciudad.

Este proyecto fue elaborado por Fernando Méndez Corona, quien imparte un taller de muralismo en el Centro Estatal de las Artes (CEART). En los murales participaron él y sus estudiantes en 2014. Fueron creados con recursos públicos, e intervinieron espacios como Mexicali Rose y el mismo CEART.

Pero estos improvisados jueces de arte decidieron que las obras no tenían derecho a existir.

Fernando me comentó que en el street art, uno sabe que la obra corre peligro. Alguien más puede llegar a encimar su propias creaciones, a veces los edificios deben demolerse o ser repintados por un propósito indispensable. Pero cuando sucede así, sin motivo alguno, sin un propósito, no para mejorar la estética, si cala. Más aún para los estudiantes que vieron su trabajo destruido. Su esfuerzo de trabajo bajo el sol (porque fue pintado en el calorón).

Ahora: Yo entiendo que un error lo comete cualquiera. Estos jovencitos impulsivos quizá erraron el tino al tapar estos “insignificantes dibujitos” con pintura de un café horroroso. Quizá pensaron que le hacían un favor a la ciudad quitando el “vandalismo”.

Pero ya saben que no fue así. Ya saben que destruyeron el producto del esfuerzo de otras personas. ¿Cuál fue la reacción de estos entusiastas buscadores del cambio social? Ignorarlo. Esperar a que el tema muera solo. Abrigarse en la calientita sensación de que lo que ellos están haciendo por la sociedad es mejor que eso que estaba en la pared, fuchi.

¿Qué hay en el muro de esta organización? Puras palmaditas en la espalda, y felicitaciones mutuas. Es como si nunca se hubieran equivocado.

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El frío en Mexicali no tiene madre. Como desierto, las temperaturas son extremas. Estoy seguro que una campaña como la que copiaron estos muchachos puede ayudar a mucha gente. Nadie cuestiona eso. Pero si se ponen la camiseta de muy bondadosos, ¿no sería lo mínimo esperar una disculpa?

Pues no, el caso no merece dos o tres palabritas. Ya ayudaron suficiente a la ciudad y deberíamos estar muy agradecidos.

Los argumentos en defensa de estos vándalos (me refiero a los muchachos que destruyeron los murales), son estúpidos: Que no hay nada que indique que eso es arte, y qué ya habían pasado mucho por ahí y ni lo habían notado, así que no se perdió nada.

Creo que lo que más me molesta es el ninguneo y la arrogancia mostrado por los involucrados.

¿Qué tal si decimos que fue un performance? Le pondremos de nombre “I can't believe it's not art”.

Lo que Fernando Méndez propone es un catálogo de arte urbano que existe en la ciudad. Para que se pueda proteger y no suceda algo como esto impunemente. Además, hay murales que datan de los años cincuenta, y no están protegidos.

Mientras tanto, no quisiera que esto cayera en el olvido tan pronto.

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Música con instructivo

El sábado 7 de noviembre se estrenaron en Ensenada varias piezas de música cuyo objetivo fue romper las reglas. Al entrar a la sala "Ernesto Rosas Montoya" de la Facultad de Artes de la UABC, la imagen era conocida: Músicos vestidos de negro sentados frente a atriles. Violines, viola, percusiones, trompeta, piano y otros instrumentos de orquesta también se encontraban presentes.

Pero las convenciones fueron rotas muy pronto. Los asistentes nos sentamos alrededor de la orquesta, de manera que los rodeamos en todo momento. El flautista Wilfrido Terrazas, quien participó como solita, y el director Álvaro Díaz, explicaron al inicio del concierto que se estrenarían tres piezas de compositores contemporáneos. Dos de ellos se encontraban entre el público.

Todas involucraron participación activa por parte de los músicos. Ninguna interpretación será igual a las demás. En la mayor parte de ellas, ni siquiera tenían partituras enfrente.

Form and content (2015) de Josué Amador, se basó en la improvisación. Tanto del solista como del director y los mismos músicos. La música no está determinada por la partitura, más bien por los impulsos instantánteos de cada uno de los participantes.

En Some kind of piece (2015) de Emmanuel Uribe, el director asumió también el rol de soundpainter, dando instrucciones gestuales a los músicos sobre lo que debían interpretar. Los músicos interactuaron entre sí y las decisiones musicales no solo fueron del compositor, si no de todos en conjunto. Ésta fue la constante en este concierto.

En la pieza Tukxa ja smodo ja jujune (2015) de Fernando Lomelí, cada músico recibió una tarjeta con instrucciones. Éstas podían ser: "Haz lo que quieras" o "Cita material conocido". En base a esta frase, cada uno interpretaba lo que quería decir. El resultado fueron sonidos discordantes y ruido organizado. Una instrucción que en lo particular llamó mi atención fue "Hackea tu instrumento". Al toparse de ella, el pianista (Esteban Lagarde) manipuló las cuerdas del piano con la mano y el percusionista (Miguel Cuevas) tocó un serrucho con un arco de chelo. Cada músico encontró una manera diferente de generar sonido con su instrumento.

El concierto cerró con Estudios espectrales I (2010) de Édgar Guzmán. En ésta, el compositor grabó piezas conocidas, y posteriormente hizo un análisis de espectro sonoro. Éste análisis se imprimió y fue lo que se interpretó.

Durante siglos vivimos el autoritarismo de la determinación y lo predefinido. Esta música rompe esquemas, se crea al momento. No es música con partitura, es música con instructivo. Cada participante de la Orquesta de Cámara de Ensenada aportaron su sensibilidad y pericia para crear un todo sonoro, una experiencia inusual. Debe aplaudirse su esfuerzo y talento.

Ésta es música que hace sentir, cuestiona y sacude. Aunque experimentos como éste existen desde hace décadas, todavía es raro verlos en esta ciudad y mucho menos llegan a los medios como convencionales como la radio.

Hacer un disco con estas piezas sería absurdo, ya que se perdería el aspecto espontáneo. En un mundo de reciclaje, donde los recursos musicales refritos y manoseados ya no nos hacen sentir nada, la música que causa una reacción visceral es un ave rara.

[La fotografía fue tomada por Jaime Brambila. Esta reseña fue publicada en El suplemento Palabra del diario El Vigía el domingo 15 de noviembre de 2015.]

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