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Diez años de bloguedad

El 22 de enero de 2004 empecé a bloguear. En mi primera entrada escribí las tonterías que me sucedieron durante el día. Lo leo hoy y me avergüenzo profundamente. El sitio que usaba en ese entonces para cometer mis fechorías confesionales era LiveJournal. Aunque actualmente sigue en línea, creo que sus mejores años ya quedaron muy atrás. Mi primer párrafo fue el siguiente:

Incio este diario con melancolía. ¡Que manera de comenzar! ¡Que primera línea para un escrito de este tipo de escritos! Afortunadamente no sabía hablar cuando nací, y no tuve la oportunidad de regar el comienzo de mi vida como lo estoy haciendo ahorita con mi "laiv yurnal". Ojalá hubiera comenzado con algo que se volviera famoso como: "En algún lugar de Mexicali, de cuyo nombre no quiero acordarme..."

Oh, la humanidad.

Nombré mi blog “Botellas al mar…” (con todo y los cursis puntos suspensivos) por un escrito del mismo título que terminé por aquellos días. Mi idea era que cada post sería un mensaje dentro de una botella. Como esos que se lanzan al mar cuando uno se queda varado en una isla desierta. Al principio escribía una bola de estupideces insulsas. (Algunos podrían argumentar que todavía lo hago.) Pero el escribir me gustó mucho. Busqué mejores formas de contar historias, sucesos y anécdotas.

Posteriormente entré a un taller de literatura, se me abrió el mundo de los cuentos. Muchas transformé sucesos de mi vida en cuentos. Mis conocidos me leían y pronto también me seguían desconocidos. Migré a blogger. Muchos escribíamos blogs ahí en aquella época. Creo que pocos siguen haciéndolo. Actualmente la gente no lee mucho en Internet. Es increíble la cantidad de excelente contenido que existe en la red, pero muy poco se lee. Mucha oferta y poca demanda.

Además, los blogs ya perdieron su lustre inicial. Su época de oro fue quizá entre el 2003 y 2006. Posteriormente aparecieron en escena otros medios como Twitter y YouTube. Ahora los famosos son Videobloggers o Twitstars. Ninguna de esas dos formas me llama mucho la atención. Me gusta leer y escribir, ninguno de los dos se presta para ello.

Luego lo borré. O más bien, oculté todas las entradas. Las cosas han cambiado. Empecé de 21 años, ya soy un treintón. La vida te enseña cosas a madrazos. Mi motivación para estar aquí no es para nada la misma. Pero claro, me sigue gustando la libertad. He escrito en diferentes medios, pero ninguno me da la libertad de un blog. Aquí se aplican mis propias reglas y no tengo que darle gusto a nadie.

Con diez años a cuestas, ya tengo un acervo importante de escritos. La mayoría los considero, francamente y con perdón, basura. Uno que otro tiene algo rescatable, y otros me parecen aceptables. Iré desenterrando uno que otro para darles una manita de gato y colgarlos acá.

De algo estoy seguro: La vida sonríe. No miro atrás con nostalgia, sólo con un poco de vergüenza. La vida está aquí y ahora, mejor que nunca. Después de tanto tiempo, me gusta seguir por estos rumbos.

(La foto es del 2006 en San Felipe.)

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Gringos aquí vs gringos allá

El himno nacional mexicano advierte a todo extraño enemigo que si posa un pie sobre nuestra tierra, correrá la sangre. Y no sólo unas cuantas gotitas, estamos hablando litros y litros y cubetas de sangre:

Antes, Patria, que inermes tus hijos
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe su pie.

O sea: Cosa seria.

Los mexicanos desconfiamos de los extranjeros. Sentimos la traición a la vuelta de la esquina y un puñal frío a punto de clavarse en nuestras espaldas. Bajo este punto de vista, no es raro el recelo hacia nuestros vecinos del norte: Los gringos. ¡Ah, cómo les tenemos coraje! Nos quitaron el territorio, controlan nuestra economía, nos culpan de su problema de drogas y un largo etcétera.

Cuando llegué a Ensenada noté que aquí, a diferencia de Mexicali, el sentimiento anti-gringo está mucho más acentuado. No entendía al principio el motivo, pero con casi dos años acá me ha quedado muy claro. También entendí por qué en Mexicali prácticamente no los odiamos, y vemos a Estados Unidos desde una perspectiva muy positiva. A visitantes del centro del país a veces les suena chocante lo mucho que los mexicalenses admiran a Estados Unidos. Supongo que esto también se aplica para otras ciudades fronterizas, pero ahorita me concentraré en el caso específico de Mexicali.

Pues bien, varios días a las semana desembarca un crucero en Ensenada que viene de Estados Unidos. Cuando voy camino al trabajo lo veo llegar y muchas veces por la noche lo veo irse desde la playa. Los visitantes tienen unas cuantas horas del día para turistear, comprar, comer y beber. Cuando voy caminando por la banqueta de la calle primera, y ellos compran tostadas de ceviche, me tienen miedo. Se hacen a un lado y se protegen, sobre todo las familias. Me pregunto yo: ¿Qué creen que les voy a hacer? ¿Piensan que por ser mexicano soy peligroso? ¿Pa' qué vienen? Me dan ganas de pelarles los dientes y mostrarles mis manos como garras para que se asusten de verdad.

Pero eso es inofensivo. Quizá la ofensa viene cuando en los locales turísticos los atienden mejor a ellos. Obvio, ¿no? Ellos traen dólares y uno tan sólo carga con devaluados pesos. Además, muchos turistas son gringos que buscan alcohol barato y vivir el desmadre mexicano exprés. Los jóvenes en el Papas (lo típico es ver a las gringas enseñando las nalgas desde el segundo piso del Papas) y los viejos en el Hussong's. Estas son, supongo yo, situaciones típicas de una ciudad turística.

En Mexicali las cosas son muy diferentes. Aunque está en frontera, sorprendentemente no hay gringos. Como si se hubieran escondido todos. Pero sospecho que desde que abolieron la ley seca ya no se paran mucho por allá. Al cruzar para el otro lado, se comprueba con horror que Calexico está lleno de mexicanos y uno que otro chino. Más allá, en El Centro, California, la cosa está casi igual.

¿Qué causa esto? Para el mexicalense, Estados Unidos es un lugar más limpio, más ordenado, más bonito y con mejores tiendas. Se compran mejores cosas, a veces más baratas. Hay Jack-in-the-box, IHOP, Denny's, Macy's y la Wal-Mart más grande que hayas visto jamás. Si se nace allá, hay más opciones de educación, de recolectar beneficios del estado y de no tener que pagar por una visa. Además, un salario mínimo de ocho dólares la hora. A todo dar, ¿no?

Por eso los mexicalenses tenemos esa percepción tan positiva. Además, los gringos que viven en Mexicali normalmente están huyendo de la justicia. Casi no tienen dinero y la verdad es que uno difícilmente querría cambiar lugar con ellos. Una vez me tocó uno de vecino, cuando todavía vivía con mis papás. Se quedó a vivir en una casa abandonada y el pobre no tenía ni para comer. Le pedía a mi mamá prestado para comprar cualquier cosa. Un día simplemente se esfumó y no supimos más de él.

Aún con este pequeño contacto con la otra cultura, el mexicalense constantemente se queja de “los gringos”.

En Ensenada hay más estadounidenses viviendo. Me ha tocado convivir con dos de ellos por motivos de trabajo. Uno fue participante en mi taller de literatura. Muy cumplido en su asistencia y puntualidad, se quejaba de la dificultad de hacer negocios en Ensenada. A otro le proveo servicio de Internet y tiene un negocio de yates. También es muy cumplido, él con sus pagos.

En Ensenada comprar en Estados Unidos significa un viaje a San Diego, uno que no todo mundo puede hacer y no cada fin de semana. Los dólares no circulan tanto como en Mexicali. La cultura de “comprar al otro lado” es mucho menor.

Aunque claro, la mala fama de México ha causado que el turismo esté en declive. Súmenle el deslave de la carretera escénica, el aumento de impuestos y la falta de agua. Todas estas condiciones han pegado muy duro a Ensenada y los lugares turísticos no son lo que eran.

Ahora, a lo que voy con este pre-texto, es una cosa muy simple: Ambos países estamos bien desconfiados del otro y ambos con justa razón. Mi propuesta es muy ingenua, es sólo el de la convivencia. Quizá no nos soportamos, quizá no queremos tenernos cerca, pero no nos queda de otra: Somos vecinos.

No hago un análisis profundo, y sé que mi pequeño textito difícilmente será leído por angloparlantes. Pero al menos propongo a mis compatriotas que dejemos de tener la espada desenvainada como nos pide nuestro himno nacional. No nos ha servido de nada, y creo que es la reacción insegura de una nación xenofóbica.

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Godzilla (2014)

Antes de dormir quisiera derramar un poco de odio: Godzilla (2014) es una de las peores películas que he visto. No sólo es insulsa, repetitiva y poco imaginativa, también se promocionó con engaños.

Seré muy breve. La trama es la siguiente: Dos monstruos salen del mar para destruirlo todo, alimentarse con radiación y reproducirse. Por cierto, son bestias muy poco creativas en su diseño y se parecen al monstruo de Cloverfield (2008). Además, Godzilla también emerge para luchar contra ellos. Mientras tanto, una bola de personajes que parecen recortes de cartoncillo discuten dentro de cuartos cerrados sobre lo que sucederá a continuación.

Me podrán decir: “BadBit, ¿qué esperabas de una película de monstruos? Aparte, a ti ni te gusta nada. ¿Por qué habríamos de creerte?” Entiendo su punto, pero no puedo creer que la versión de 1998 y algunas de las versiones japonesas tengan personajes más interesantes y sean más entretenidas. Esta es francamente soporífera. No sucede nada importante y los personajes parecen sedados.

El peor insulto es Brian Cranston. Apareció prominentemente en los cortos. En la película muere casi al principio y sus acciones son totalmente irrelevantes para la trama.

Las escenas de acción de los monstruos y las de diálogo parecen de dos películas diferentes y tienen poco que ver unas con otras.

Pacific Rim y la película de los Power Rangers son mucho mejores que ésta. Lo único bueno que puedo decir es lo siguiente: Gozilla si parece Godzilla. A diferencia del horroroso monstruo de 1998, este si es lo que promete. Fuera de eso, no hay nada bueno. O sea, con ver el póster, han visto lo mejor, no entren a la sala.

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Catching fire

Mientras conducía por el cañón Cuatro Milpas, hacia mi trabajo, pude ver la magnitud del desastre. Los cerros estaban grises, quemados, su única decoración eran negras ramas sinuosas. La tierra se pintó de cenizas. Algunas casas estaban quemadas.

Me enteré llegando que la escuela se salvó únicamente porque varias personas pusieron manos a la obra. Ezequiel, el subdirector, metió una máquina al cerro para hacer una zanja y detener el fuego. Unos alumnos de sexto semestre se regresaron para ayudar a apagar las ramas a palazos. Los bomberos estaban ahí, pero pronto llegó el ejército. Increíblemente, la antena que nos provee de Internet (y de la cual me encargo yo) siguió funcionando a pesar de estar rodeada de fuego.

Protección civil felicitó a la escuela por haber evacuado en menos de cinco minutos. No hubo incidentes, tropezones ni embotellamientos. En otras escuelas, de las cuales omitiré el nombre, madres histéricas entraron a los salones a sacar a sus hijos a jalones. Sucedieron otras cosas que prefiero no mencionar, pero el pánico se apoderó de mucha gente.

Cetys y CET-Mar, entre otras escuelas, suspendieron clases. El incendio entró a sus instalaciones y sufrieron daños. Acá continuamos clases normales, aunque ahorita, como mencioné, los de sexto se fueron y tengo una clase libre.

Un cliente gringo me habló para preguntarme sobre su casa. Como está en Los Ángeles, se enteró del incendio pero no supo cuál era la situación. Afortunadamente su casa no sufrió ningún daño, pero si no hubieran hecho la zanja y la escuela se hubiera quemado, su casa también.

Supongo que son las desventajas de vivir rodeados de “naturaleza”.

En estos momentos acabo de ver que un incendio cercano, en San Antonio de las Minas, se acaba de avivar. De igual forma, se vio humo de nueva cuenta en el cerro a un lado de la escuela. Es posible que el fuego vuelva. Acaba de entrar un alumno diciendo que se están incendiando dos cerros cercanos.

Seguiremos informando.

(Esta vez la foto si la tomé yo).

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Aquí y ahora

Es temporada de incendios en Ensenada. Los vientos cálidos de Santa Ana combinados con años de sequía crean el caldo perfecto para el fuego. Este fin de semana viajé a Mexicali y al regreso me recibió una columna de humo. Mientras manejaba por la carretera, casi llegando, a mi derecha estaba el mar y detrás de los cerros a mi izquierda el incendio.

Lo extraño es que el humo parecía salir exactamente de la escuela donde trabajo.

Al día siguiente comprobé que afortunadamente seguía intacta. Sin embargo, el incendio continuaba cerca de ahí. Ya se había comido algunas casas. El fuego se aproximaba cada vez más. A los cuarenta minutos de iniciada la primera clase, protección civil nos evacuó a todos. El fuego estaba tan cerca que el riesgo de que llegara hasta nosotros era alto. Ya se sentía darle la vuelta al cerro, como diciéndonos: "¡Ya llegué! Aquí y ahora estoy aquí". El humo ya nos llegaba y podría intoxicarnos.

Total: Un día sin clases y una nube gris sobrevolando la ciudad.

Al parecer al final del día los bomberos contuvieron el fuego y mañana habrá clases de nuevo. Unos alumnos ya nos enviaron un correo a los profesores diciendo que les parece muy peligroso y que ni los esperemos mañana, hasta que las aguas se calmen. O hasta que las llamas se calmen, mejor dicho.

Esto no sucedía en mi natal Mexicali. Podría ventear terriblemente, hacer un calor infernal o la contaminación te hacía llorar los ojos, pero los incendios forestales no se veían.

Desde hace tiempo tengo ganas de platicar un poco de las diferencias entre el aquí y el allá. Con casi dos años acá ya he visto varias cosas, he tenido tiempo de observar, aprender y comparar. Escribo estos parrafillos para agarrar vuelo. Iniciaré en la semana.

(Foto tomada de El Vigía).

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Cosmos vs. Cosmos

Full-disclosure: No me gustó el primer episodio de la nueva serie "Cosmos", conducida por Neil deGrasse Tyson. Aquí explico el por qué.

Cuando era niño, mi papá me regaló unos VHS con una serie de televisión que no he podido olvidar hasta la fecha: Cosmos. En ella, Carl Sagan, quien yo no conocía, me llevó hasta los lugares más recónditos del universo. Desde la superficie del planeta Marte, hasta el núcleo de las células y los conjuntos de galaxias. Habló del inicio y fin del universo, el origen de la vida en el planeta tierra, la estructura de la materia... Después de ver cada episodio me quedaba pensando en cuántas cosas más no ignoraba y obtenía una nueva perspectiva de la materia que me rodeaba.

Los efectos especiales eran increíbles y la música insuperable. Los temas complejos, pero comprensibles para cualquiera. Algo que me sorprendía mucho es como Carl Sagan estaba siempre sonriente. Cuando explicaba cualquier cosa era obvio que era un apasionado por la ciencia. Transmitía un gusto sincero que no se quedaba en el conocimiento, llegaba a una sensibilidad científica que he visto pocas veces. Escuchabas la música del universo, veías la poesía de la materia viva y te impresionabas por el drama de las galaxias. Carl Sagan no sólo amaba la ciencia, también amaba a la humanidad. Al menos eso me transmitía.

Me impactó, por ejemplo, su visita virtual a la biblioteca de Alejandría. Ahí me enteré que era la biblioteca más grande de su tiempo y destruida en un incendio. Sagan sacaba algunos de los libros y nos explicaba que nunca podríamos leerlos. Se perdieron para siempre.

Pero esta serie es de finales de los setenta. Muchos años han pasado desde entonces, muchos descubrimientos y avances. Parece una buena idea actualizar la serie. El elegido para hacerlo es uno de los físicos más mediáticos de nuestros tiempos: Neil deGrasse Tyson. No sólo hay muchos videos de él en YouTube, no sólo aparece en televisión y radio, también es un meme: "Watch out! We have a badass over here!", o en español: "¡Ay, si! ¡Ay, si!". Es suficientemente reconocible, así que la elección no es ninguna sorpresa.

Pero al ver el primer episodio la semana pasada, algo faltó. Los temas eran similares, en algunos momentos idénticos, pero... ¿Por qué no me emociono? Quizá es por que Neil deGrasse Tyson, aparentemente, se siente por encima de su público. Nos habla no como un hermano mayor, más bien como un niño de sexto de primaria le hablaría a uno de primero. Estoy seguro de que es sumamente inteligente, pero... ¿me tiene que hablar como si yo fuera tonto?

Mientras que los efectos especiales del Cosmos original eran impresionantes, los del reboot se quedan cortos en comparación de cualquier película de Hollywood. Esto sería perdonable si el guión tuviera la sensibilidad de la versión anterior, pero tampoco sucede. La música también deja mucho que desear. No es nada contemplativa, más bien parece sacada de alguna película de Star Wars. Supongo que es natural que para hablarle a las nuevas generaciones se deba de usar un ritmo más acelerado, música emocionante y otro discurso, pero eso no deja mucho lugar a la introspección.

No me malinterpreten: Es bueno que se haga esta serie. Con tan poca programación científica esto es algo que falta. Sólo pienso que se puede hacer mejor, porque ya se hizo mejor antes. Si se puede.

Para terminar, quisiera llamar la atención sobre el cambio de nombre entre la versión setentera y la actual. La primera se llama: "Cosmos: A personal voyage". El título es perfecto: Por más grande que sea el universo, por más impresionante que sea el cúmulo de conocimiento científico, nuestros viajes por él siempre son personales, mentales, introspectivos. Creo que es lo que intentó hacer Carl Sagan con su serie. La nueva se llama: "Cosmos: A spacetime odyssey". Retoma a Arthur C. Clarke, pero hay un mensaje oculto: El contenido es mucho más directo. Esta vez no es un viaje personal, esta vez nos dirán los hechos.

Lamentablemente, la nueva versión de Cosmos no es una viaje hacia dentro de nosotros mismos. Es una presentación de PowerPoint.

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La importancia de la buena comunicación organizacional

En 2010 mi papá me pidió que escribiera un artículo para el boletín de su trabajo. El objetivo era motivar un cambio en la comunicación organizacional, porque tenía muchas deficiencias. Hace poco encontré el boletín entre mis papeles viejos. Al releerlo me di cuenta de que hice un resumen bastante ameno y que toca algunos tópicos esenciales sobre el tema, así que decido publicarlo aquí por si a alguien mas puede servirle.

Las organizaciones humanas son, en gran parte, las responsables del orden y civilización que nos rodea. Mediante los acuerdos, tratados y contratos, los seres humanos podemos trabajar en conjunto para conseguir beneficios colectivos, y dar sentido a la realidad.

A pesar de su importancia, es difícil apreciar el funcionamiento de las organizaciones ya que no tienen existencia material. No hay un objeto que podamos llamar “organización”. Son intangibles y se basan únicamente en las relaciones humanas. ¿Cuál es la forma para crear y fomentar estas relaciones? La comunicación, por supuesto.

Aún así, la comunicación es uno de los aspectos más descuidados y menospreciados de una organización. En ocasiones afecta el flujo de la información, el bienestar de los empleados o la imagen misma de la empresa. La comunicación es una herramienta poderosa, si se sabe utilizar correctamente.

Una creencia popular es que la comunicación “se da naturalmente” y no es necesario intervenir en su desarrollo. De la misma forma, se podría pensar que las organizaciones humanas se dan expontáneamente. Pero, ¿cuántos de nosotros nos hemos topado con negocios pequeños y grandes donde los empleados no pueden ayudarnos por que no tienen la información adecuada? Es desesperante la espera para un cliente cuando lo llevan de un lugar a otro sin saber darle respuesta, y a la empresa puede costarle ventas sin darse cuenta. El orden, la comunicación y la organización no son casualidades, hay que trabajar muy duro para conseguirlas.

Existen dos tipos de comunicación en una organización: La interna, que tiene que ver con que los miembros tengan la información necesaria para trabajar, y la externa que concierne la imagen que la organización proyecta hacia el exterior.

Las empresas deberían estar interesadas en que sus empleados reciban información sobre el lugar que trabajan, ya sea en forma de boletines, tablones de anuncios, correos electrónicos, reuniones, conferencias, etc. Hay muchos recursos que mejoran la comunicación vertical (entre niveles) y horizontal (entre personas del mismo nivel). Una persona que no recibe información pertinente sobre el lugar donde trabaja pierde de vista los objetivos de la organización y de su propio trabajo. No es un asunto menor.

El espacio físico en donde se encuentran los trabajadores puede inhibir o promover la comunicación. Si no se posee un lugar donde los trabajadores puedan reunirse, compartir información e interrelacionarse, se arriesga la creación de conflictos entre ellos o de “chismes de pasillo” que, aunque parezca imposible, pueden fracasar una empresa por sí mismos.

En cuanto a la comunicación externa, su enfoque dependerá de los objetivos de la empresa. Coca-Cola, por ejemplo, a pesar de ser una de las empresas más exitosas del mundo, siguen publicitándose inmensamente, por que saben la importancia de que la gente tenga su marca en la cabeza. Una institución gubernamental da a conocer los últimos logros para que los ciudadanos sepan exactamente en qué se está trabajando.

Una escuela, por ejemplo, da una imagen al exterior que influye muchísimo a la hora de que los estudiantes deciden entrar a ella o no. Si no se da a conocer lo suficiente, no sería sorprendente ver que la matrícula de estudiantes baje.

Se necesita un diagnóstico certero para poder resolver los problemas de comunicación, ya que después de un tiempo nos podemos acostumbrar a ellos y los pasamos por alto. Los empleados se acostumbran a la localización de edificios y oficinas en una organización, pero el visitante no, por lo que es importante señalizar bien la ubicación de todo. Sobre todo en lugares amplios, para que las personas externas no se extravíen y pregunten a personas que quizá no estén tan bien informadas.

Los colores de los edificios, el de los objetos en el lugar de trabajo, el formato de hojas membretadas, de circulares, anuncios y la campaña publicitaria son parte crucial de una organización, no aspectos cosméticos. Es importante que la persona encargada del a comunicación organizacional en una empresa tenga la visión necesaria para identificar los problemas y proponer estrategias de solución.

En resumen, la base de las organizaciones no son solamente los recursos materiales, también la comunicación entre los miembros. El recurso humano es el que le da sentido a las empresas, el resto de las cosas son objetos inanimados. Una organización que posee una débil comunicación está moribunda, si no es que muerta.

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Frances Ha (2012)

Para no ser tan negativo y malaleche quisiera reseñar una película que no me cae gorda. Soy demasiado picky con las películas y libros últimamente, siempre hay algo que no me gusta. Supongo que llega un punto donde uno dedica tiempo exclusivamente a lo que le llega a las fibras sensibles. Antes, cuando reseñaba películas para radio y televisión, debía hacer muchas concesiones para otras personas. No podía decir que odiaba todo. Además, no pensaba en lo que me gustaba a mí, sino en lo que le gustaba a los demás. Veía lo que me asignaban, e intentaba ver las películas con los ojos de otros. Mis reseñas se basaban en eso.

Mi criterio ha cambiado mucho. En este blog no debo darle gusto a nadie, sólo a mi. Claro que quiero compartir mi opinión con ustedes y me daría mucho gusto que coincidamos pero en realidad me tiene sin cuidado. Si no les gusta lo que escribo, hay millares de bloggers y videobloggers que coincidirán con lo que ustedes piensan: Véanlos a ellos.

Ya no me interesa tanto el ruido y el espectáculo en el cine. Me interesan mucho los personajes y sus situaciones. Todo lo demás para mi, al menos en este momento de mi vida, es un adorno para los personajes que son retratados.

La película que comentaré hoy se llama Frances Ha (2013). Esta comedia trata de una joven adulta, aprendiz de bailarina, que no encuentra su lugar en la vida. Su vida es una juventud tardía, prolongada hasta el punto que ya no es gracioso. La intimida el mundo, se siente torpe en situaciones que sus conocidos manejan sin parpadear. Y está sola, siente que está perdiendo a su mejor amiga y se siente desorientada.

La trama no es mucho más, y esto se refleja en la duración: Poco menos de una hora y media. Lo que es interesante del filme no es la extravagancia de las situaciones ni las enormes adversidades que cargan encima los personajes. Es simplemente la dificultad de adaptarte, la dificultad de abrirte camino en la vida sobre todo cuando eres tu propio peor enemigo.

El director es Noah Baumbach, cuya The Squid and the Whale (2005) es una de mis películas favoritas. Escribió Frances Ha junto con la actriz principal: Greta Gerwig. Está filmada en blanco y negro. La mayor parte de las películas que intentan esto actualmente parecen filmes a color a los que se les ha quitado el color. Las tonalidades blancas no son puras, y el negro es más bien grisáseo. El contraste es poco y los tonos se confunden. En Frances esto no sucede: Parece verdadero blanco y negro. La fotografía es bellísima, particularmente en las escenas nocturnas en exteriores. Las tomas a veces son incómodas y estresantes, como las actitudes de algunos de los personajes.

La música también vale la pena mencionarse. Es simple y dulce, con toques de nostalgia. Enmarca muy bien las situaciones y sentimientos del personaje principal. La última toma resume particularmente toda la película, y la música está ahí para reafirmar lo que sentimos durante todo el largometraje.

Frances Ha es una película ligera, que apela más al corazón que al cerebro. Esto es un halago dado el estado del cine actual. La recomiendo mucho. Y es muy graciosa. Al menos a mi me hizo reír mucho.

Por cierto, hace unos párrafos dije que si no les gusta mi blog leyeran otros. Quisiera terminar esto con otra molestia que tengo por el rumbo que han tomado los blogs en años recientes: Son completamente impersonales. Creo que queda poca gente que se desnuda en sus posts, que comparte algo más personal. Quizá hay algunos todavía, pero ya nada es como antes. Ahora la mayor parte de los blogs tiene ambiciones comerciales. Incorporan información refrita e inexacta. Hacen listitas de: "Los diez momentos más vergonzosos de los famosos" y "Veinte películas independientes que no puedes dejar de ver". Ponen títulos tramposos a sus publicaciones como: "Mira lo que Justin Bieber hizo en la fiesta de Miley Cirrus: No lo vas a creer". Pura carnada con calorías vacías. No parecen escritos por personas.

Pero ese es tema de un post más largo y detallado, que escribiré luego si me queda tiempo.

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The wolf of Wall Street (2013)

Fui a ver la última película de Martin Scorsese con expectativas muy bajas, pero salí increíblemente decepcionado. Primero, una confesión: No me han gustado mucho sus últimas películas. Ni Pandillas de Nueva York, ni Los Infiltrados, ni Hugo... Me gusta El Aviador, pero cada ver siento que Marty no envejece bien como los buenos vinos, y se está transformando en vinagre.

Entremos en materia: En las primeras tomas de El lobo de Nueva York, el personaje principal alardea de su riqueza y su estilo de vida. Mientras aspira cocaína del trasero de una prostituta anuncia que ama las drogas. Un súbito sonido lo desconcierta. Voltea hacia atrás asustado, quizá es alguien, quizá lo están buscando. La paranoia se ve en su rostro. "¡Oh, sí!", pensé yo, "este será el conflicto de la película". Peeeeero... el personaje ignora la sensación y continúa con lo que estaba haciendo. Además, nalguea a la prostituta en el proceso.

Siguiente toma: El mismo personaje pilotea un helicóptero totalmente drogado. Pone en riesgo su vida y la de su copiloto. "¡Recórcholis!", pensé de nuevo, "¡se va a matar!". Peeeero... después de un pequeño golpe contra el suelo aterriza sin contratiempos. El copiloto lo felicita.

Flashback a su juventud. El personaje inicia su carrera como corredor de bolsa. Le comenta a un colega: "Si uno obtiene dinero y a la vez logra ganancias para su cliente, todos ganamos, ¿no?". El colega responde: "No". Así nomás, sin ninguna explicación ni argumentación. ¿Esta es toda la motivación para sus acciones durante las próximas tres horas? ¿Debo creer que el personaje principal se desmorona ética y moralmente y comienza su carrera de estafa? ¿Sólo por esa frase? Okay... continuemos.

El tipo aprende mañas y obtiene ganancias. Se asocia con gente no muy brillante pero igual de ambiciosa que él. Monta su pequeño imperio. Hay muchas drogas, tratan a las mujeres peor que objetos, estafan y estafan a mucha mucha gente (true story). Okay, no me está gustando mucho la historia, es trilladísima y la he visto miles de veces, pero supongo que esto no es todo lo que hay, ¿verdad?

Dos horas y media después sigo esperando algo diferente. Siguen las drogas, siguen las mujeres y siguen las estafas. Y se repite un millón de veces la fórmula del inicio: Acciones sin consecuencias. Los personajes nunca se enfrentan a ningún obstáculo real. Es aburrida, predecible, poco interesante. ¿Lo peor? Se supone que es una comedia y no estoy riendo. ¿Qué sucede?

El lobo de Wall Street es una película que me deja preguntándome qué pasó con el director de Taxi Driver. La película es ruidosa, molesta, exagerada y nada sutil. Los cortes son rápidos, la improvisación evidente, la trama poco interesante, el conflicto nulo y el mensaje muy perezoso. Pero, ¡hey!, quizá yo me estoy haciendo viejo. Quizá el nuevo cine me pasa por arriba de la cabeza.

En fin. Nada me gusta.

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Living without it

Un atraganto de nostalgias en la epiglotis. El mar y su oleaje golpeando las rocas me despide todos los días. Lo eterna presencia se burla de mi porque casi nunca cargo con mi cámara. Da igual: ¿De qué me sirve guardarlas?

Pero si fotografié la lencería más triste del mundo. Ella no se burla de mí, más bien viceversa. La fotografíe con mi cámara Minolta y un rollo Fuji. La que me atendió cuando revelé el rollo era una inepta.

La mayor parte de las cosas han quedado atrás. Parece que mañana lloverá. No todo se paga, pero de algunas no te escapas.

Leí escritos viejos para inspirarme. No me movieron nada. Es como si teclear ese inmenso palabrerío fuera masticar un chicle. Releer textos que sentía buenos, palabras que sentí inteligentes, fue como observar los desechos babeantes y amasados de una goma de mascar sin sabor. Y eso está muy bien, a decir verdad.

Ya no necesito correr ni esconderme. Tampoco necesito lucirme. Simplemente me deslizo, camino por ahí y me aparezco de vez en cuando.

Como si vivir fuera fácil.

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