La mudanza digital

Hoy hice exorcismo de mi colección de discos quemados. En un momento de mi vida me enorgullecí de poseer una colección enorme de películas, música, software, juegos y demás cochinero que grababa en discos compactos. Junté torres y torres de discos que se apilaban en mi departamento y llamaban siempre la atención de mis visitas. Mudarme era una verdadera monserga. Principalmente por los discos, pero no puedo ignorar que los libros presentaron batalla similar.

En el escrutinio y limpieza mis hallazgos fueron decepcionantes. Encontré software obsoleto, canciones de calidad lamentable, películas de resolución vergonzosa y sonido tambaleante. Sin contar que me horroricé por poseer algunos filmes tan malos. Guardé cosas que consideré importantes en su momento pero resultaron frivolidades. Con los años, todo archivo adquirió perspectiva.

¿Por qué los guardé? Muchas películas las descargué como obras de consulta. Si requería recordar algo para un ensayo, escrito en el blog o simplemente por gusto, podría sacar el CD y reproducirlo en la computadora. Podría además, extraer el audio, sacar clips o fotografías a partir del video. Creía que eran una base de datos importante para mi desarrollo como persona.

Cuando comencé a quemar discos, por el 2001, Internet no era tan accesible como hoy. Las velocidades de descarga todavía eran tortuguientas. Una película podía tardar una semana o más. No existía YouTube, Cuevana ni Netflix. No era tan fácil obtener video para entretenerte en la computadora. Una vez descargado, lo más sensato era conservarlo en un disco compacto. Además, las redes de compartición de archivos eran volátiles: Uno no sabía cuándo las cerrarían, como sucedió repentinamente con Napster, Kazaa o Audiogalaxy.

Pero estamos en la época en donde las películas se descargan en minutos. Las opciones para verlas en línea o en disco a precios accesibles abundan. Es la era de la nube, todo puede ser descargado de nuevo o respaldado en línea. Los años transcurrieron mientras yo todavía cargaba con mis hijitos los discos compactos, pero la necesidad de ellos había desaparecido. Me di cuenta apenas hoy.

Fui despiadado con ellos. Caí en cuenta de que todas esas películas podían ser descargadas inmediatamente y con mejor calidad. Ahora tenemos Blu rays, cuya resolución deja en verguenza al DVD, que ya se veía impresionante. Las canciones y discografías que guardaba en esas pilas de plástico parecen ringtones. Nada digno de poner en mis audífonos. El software que guardé ni siquiera corre en mi computadora de lo viejo que es. Se descarga la nueva versión bien fácil. Acumulé mucha basura.

Lo más triste es que ni siquiera miré muchas de esas películas. Guardé el disco con la esperanza de que en un futuro tendría tiempo. Quizá ya lo tengo, pero prefiero descargarla de nuevo. Gasté mucho en comprar esos cientos de discos, y terminaron en la basura.

En realidad creo que Blu ray será el último formato de disco compacto que conoceremos. Posteriormente todo será inalámbrico, en red, en la nube. Creo, además, que es un cambio positivo. Me gustaría deshacerme de todos mis papeles, libros, discos, fotos... Tener todo digital. Vivir ligero. Mudarme sólo con algo de ropa y muebles, sin necesidad de mover cajas y cajas de información. No soy ciego, sé que vivir totalmente digital tiene sus desventajas, pero ahorita mismo quisiera reducir los kilos que aporto a este planeta.

Mis libros son otra historia. Se las cuento luego.

Buenas noches.

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